jueves, 16 de abril de 2015

LA MELODÍA DEL BOSQUE

Un círculo de piedras, mágico y perfecto, se erguía solitario en mitad de un claro de aquel bosque primigenio, oscuro y frondoso; tachonado como una alfombra de árboles que nadie conocía y nunca ninguno de nosotros había contemplado; con troncos de un oscuro tan negro como el ojo de una galaxia, dantescas ramas como brazos de huracán y enormes copas de hojas color verde esmeralda.


Era una noche antigua, de color azul profundo, con cientos de miles de millones de estrellas acompañando nuestro curioso ritual. Todos nos habíamos colocado tras las piedras, formando el circulo secreto, esa mística figura tan simple y compleja a la vez, tan misteriosa y llena de arcanos alfabetos. En mitad del círculo levantamos una improvisada pirámide de troncos que dio a luz una enorme hoguera de llamas amarillas, anaranjadas y rojizas, de olvidados destellos azules y plateados. 


Cuando llegó la medianoche, el momento señalado y esperado, el anciano alzó a la inmensidad su instrumento y comenzó a tocar música prohibida desde hacía milenios. El resto escuchábamos en respetuoso silencio; y a medida que la bella melodía tanto tiempo encarcelada recobraba su libertad y tomaba forma, cada uno comenzamos a agregar a su sonido nuevas e improvisadas notas, incorporando a la canción nuestra propia juventud y fortaleza, componiendo así una única e indivisible partitura infinita, vestida de miríadas de sensaciones indescriptibles. 


Permanecimos con los ojos cerrados en todo momento, abriendo la mente y todos nuestros sentidos hacia esos cantos místicos que estaban naciendo aquella noche, cual Ave Fénix de sus cenizas. Podíamos saborear las notas, paladear el ritmo, oler el aroma de cada acorde; podíamos incluso escuchar el latido del silencio del bosque, de la noche llena de magia y espiritualidad, de la naturaleza en el vaivén de las ondas que reverberaba en el aire inmaculado. Todos nuestros sentidos y nuestros sentimientos y emociones ocultas se habían abierto a la pureza y navegaban ahora a lomos de la cresta de las olas de aquel océano de hermosas sinfonías, a la vez abstractas y armoniosas. 


Hicimos música para el universo, para las constelaciones, para las estrellas; para la lluvia renacida, para el manantial eterno, para el amanecer de los tiempos; para el alma de los árboles, para el eco del viento, para las criaturas aún dormidas del bosque. Hicimos música para nosotros mismos, para nuestros anhelantes corazones...

Juanma - 16 - Abril - 2015                                                  
                                                                                                           

miércoles, 15 de abril de 2015

LA VIDA PASA...

Perdido entre laberintos de espacio y jeroglíficos de tiempo la vida se consume y pasa... 

Sumando horas en una habitación cerrada, poco después de que una furiosa tormenta haya humedecido la desnudez lujuriosa del alba, te dispones a volar con tus recién estrenadas alas de cristal ese espacio cerrado y enrarecido donde los sueños prematuros te susurran secretos del mañana. Intentas descifrar su alfabeto y sondear en las recónditas cuevas del saber qué te depara ese eterno girar y girar cada mañana una y otra vez sobre tus propios pasos, para volver al mismo sitio de nuevo a medio tarde, a media luz, sobre el eterno sillón de los recuerdos. La esperanza intenta poner orden y sentido a una jornada que, con el crepúsculo, se va tornando en un prolongado aullido que va creciendo en intensidad a medida que el tiempo y la vida pasan...

Ves que, pese a los continuos cambios y el fluir y renovarse eterno del mundo y de las cosas, todo sigue igual; una rutina y monotonía asfixiantes que te ancla al globo terráqueo y te aleja cada vez más de esas fugaces estrellas a las cuales suplicas y pides tus anhelos y deseos. La apatía se torna una constante y te vuelves espejo de tu reflejo, mirada vacía buscando vida en el dorso de unas manos vacías, piernas cansadas y ya agonizantes de tanto y tanto caminar. Te vuelves una sombra de tu sombra, una senda que nadie se atreve a recorrer ni transitar, un maniquí en un escaparate abandonado. Catalepsia bajo los clavos de la ruina de tus sentidos aletargados mientras los días merman, las estaciones se suceden y la vida pasa...

Con una mirada tenebrosa te vuelves a mirar por la ventana; una ventana abierta por donde bandadas de aves carroñeras se cuelan en la gruta de tu alma ante la insensibilidad inerte de tus ojos. Ya no sonríes. Ya no cantas. Te dejas ir, arrancar, llevar... Te dejas secuestrar por las horas que corroen cada rastro de anhelo y esperanza. Tristeza espectral en las calles tras la ventana. En un trasluz desesperado te intentas buscar y no te encuentras. Sólo hallas nubes pasajeras y migratorias surcando océanos olvidados, mundos perdidos detractores de la libertad. Mientras tanto, la vida pasa y el cielo se tiñe de un halo lánguido y gris. Un gris que insiste y se empeña en ser cómplice único del resto de tus días...

Juanma - 15 - Abril - 2015
                                                                                             


viernes, 20 de marzo de 2015

EL PAISAJE DE LAS OLAS

Perdiéndome en la tarde
voy dejando miguitas de recuerdos tras de mí,
retazos de vida que las olas del mar barren y se llevan;
mis pestañas se enredan en los ojos del océano
como queriendo ser bruma, coral, salitre…
o blanca historia de su espuma.

Camino por la arena nómada de la playa
trazando con mis pisadas huellas en el pasado
de su crepúsculo,
cobijándome a la sombra de una puesta de sol
casi enigmática
mientras el viento revuelve y juega
al escondite con mis cabellos,
con mi esperanza, con mi sonrisa…
igual que tú.

Recortado el sol contra el ocaso,
también el agua, los distantes reflejos
sonríen envueltos en la neblina,
el vuelo de las gaviotas en el cielo
en contrapunto al canto de las sirenas
ocultándose entre las rocas…
la inmensa paleta de colores del atardecer,
el confuso azul disfrazado de púrpura,
de malva, de carmesí… de arco iris
agitando las nubes,
vistiéndolas de seda
y a nosotros, de versos de terciopelo.

En el horizonte las horas se esconden
en las grutas de los sueños,
los ruidos se tornan silencios
y, al rato, mis ojos se encuentran con los tuyos,
tus pupilas son adivinanzas que
esconden mil enigmas y relatos…
y nuestros labios se acercan y tiemblan
y avanzan y suspiran y se besan
como si hubieran encontrado el lugar perfecto
donde perderse para siempre,
donde saberse descansar
y olvidar el dolor de lo prohibido
transformado, como magia,
en metáfora de libertad.

Hace una eternidad que anocheció
y, sin embargo, una lluvia de espejismos
y estrellas fugaces ilumina y da color al horizonte;
junto a ti me abrazo a oscuras
para atrapar tu corazón en el paisaje de las olas…

Juanma - 20 - Marzo - 2015
                                                                                                             

viernes, 27 de febrero de 2015

ALAS DE LUCIÉRNAGA

28 de Febrero,..
Revisando escritos antiguos, hace un par de semanas encontré en un cuaderno un viejo relato,también de un 28 de Febrero, pero de otro año: 1999. Dieciséis años. Casi nada...
Apenas recordaba la historia, pero me gustó volver a leerla. Y pensé reescribirla para este nuevo 28 de Febrero. La verdad es que este relato no es aquél, que apenas respiraba ya prisionero en un cajón. Pero en cierto modo es aquél... y también muchos de los demás que he escrito desde entonces. Yo me entiendo...
En todo este tiempo han pasado muchas cosas; amigos que se perdieron por el camino, otros que aparecieron en él; palabras que quedaron sepultadas y que nunca verán la luz y otras que llegaron a metas que, aunque siempre soñé, nunca creí ver hechas realidad.
No quiero parecer triste, pues no lo estoy. Tan sólo me gustaría dar las gracias a todas aquellas personas que un día, por azar, decisión propia o insistencia mía, se acercaron a conocer mis letras, a quienes me siguen leyendo y escribiendo en la actualidad, a los que también me leen en silencio, ahí, aquí, allá, cerca, lejos, en Oz. en Fantasía, en Nunca Jamás...
Para tod@s vosotr@s vuelvo a rescatar este relato que he tenido que retocar un poquito, pues el tiempo inmisericorde había caído sin piedad sobre él:


"Alas de luciérnaga"


Me interno en los pasadizos de tu mente intentando hallar alguna manera de encontrarme contigo... y conmigo mismo. Quiero descubrir tesoros, respuestas a preguntas que me atormentan, acertijos que me invento, alfabetos que me desconciertan... Entre la senda de tus secretos pensamientos encuentro espejos que me reflejan, pero en cuanto deslizo mis dedos sobre la superficie una especie de hechizo rompe el cristal en mil fragmentos diminutos impidiéndome vislumbrar el fondo de tu alma...

Recorro callejones oscuros y tenebrosos a la luz de alguna invisible luna llena de algún oculto cielo, al resplandor tan sólo de mis ojos inquietos y curiosos, de mi escrutadora mirada que recorre uno a uno los estantes de la vida que, como librerías repletas de recónditos saberes, componen la existencia del universo; incontables volúmenes, enormes y hermosos como constelaciones, con tapas oscuras y de relieves y carcomidas por instantes y siglos, que custodian palabras extrañas y perdidas, la materia de la que están compuestos los pensamientos... y el enigma del amor. Utópica quimera esta búsqueda mía, la de querer hallar tus labios y pestañas entre estos libros sabiendo, como sé ahora, que mi alma ya no será nunca la que era... y que apenas me reconozco ya en ella.

Recuerdo que, por temor a equivocarme, a veces callaba las palabras, las ocultaba en grutas prohibidas... yo que tanto tenía dentro, yo que todo lo hablaba para no decir nunca nada. Con el corazón perdido, el rostro sombrío y la mirada huidiza, mis ojos recorrían los tuyos, aquellas pupilas negras de misterioso azabache, intentando ahogarme en ellas, deleitarme en las ondas refulgentes de tus pestañeos, en los secretos insondables de tus secretos pensamientos. Pero cuánto más temprano llegaba a ti, más tarde era...

Aquellos silencios que cantaban en ti, los susurros que gritabas al viento, me sumergían sin remedio en el perpetuo torbellino de querer encontrarte siempre en todos sitios... y no hacerlo jamás en ninguna parte. Reminiscencias de huellas de ecos de antiguas voces merodeaban a lo ancho y largo de mi memoria aletargada, invierno quejumbroso queriendo tornarse en dichosa primavera; todo por volver a escuchar y palpar y guardar el sonido de tu voz. Pero el viento asesino que no cesa borra sin piedad tus palabras y tu rastro de mi presencia.

Atrapado en la celda de un corazón enjaulado, evoco y revivo los inolvidables momentos atesorados a tu amparo. No tenías culpa alguna, pues era tan sólo yo quien permanecía callado a tu lado, sabiendo que nadie más ocupaba tu mente. Rememoro aquellas noches soñadas y vividas junto a ti, cuando apenas éramos volutas de amor extraviadas en mitad de aquella oscura soledad silenciosa y eterna.

Me desconozco casi tanto como te desconozco ya en ti misma. Y no atisbo a recordar el instante preciso de la ruptura, ni el motivo; aquella mañana que soltaste las amarras que te unían a mi proa y echaste a volar sola, en dirección a la felicidad, con aquellas bellas y luminosas alas de luciérnaga que tan bien te sentaban. Me desconcierta ahora tu alma, ya no me reflejo en ella y temo que tus cielos me estén vedados para siempre al dejar que te lanzaras a volar sola aquel día. Eran mis miedos los que alimentaban tus temores, era yo quien quería nadar sin saber, ir sin volver... pero ahora tus pensamientos han huido a otra galaxia y ya no consigo captarlos, ya no sé lo que piensas, aunque tenga tu recuerdo como regalo y castigo.

Ángel de ojos negros, ángel huidizo y callado, dónde te escondes, dónde moran tus huesos, dónde tus palabras, dónde tus alas; dónde tu cuerpo, tu corazón, tu alma; hacia dónde volaste, fugaz como una estrella, que no te alcanzo ni en la nada …

Juanma - 28 - Febrero - 1999                                                    

viernes, 20 de febrero de 2015

EL ORIGEN DEL FINAL

En el hueco de un duermevela
te han hallado enredada en telarañas,
en cuclillas frente a sombras de niebla y fuego...
Prodigios que se ovillan en tus profundidades
mientras que, con temblores en los párpados,
les enseñas que las conjugaciones
tienen estructura de enjambre.

Te rescatan de tu propia ausencia,
de la inocencia impertérrita
oculta tras tu sonrisa,
antes de anochecer la sombra
o de transportarte tus pesadillas
hacia la idea del origen del principio
del final de tu silencio.

Parpadeas un "felices para siempre"
mientras izas la mano como una bandera,
en son de calma, en son de paz;
y sujetas como puedes tus ilusiones
a un mástil inasible
mientras la tempestad furiosa
lanza oleadas de cuchillos
de recuerdos dolorosos
a tu rostro.

Todavía te empeñas en ser el trazo oculto
de las palabras,
en beber de varios labios
a un mismo tiempo,
en aprender a ser agua, a ser viento,
a ser bosque, nube, néctar, cáliz,
niebla, perfume, humo, fuego...

Te acurrucas junto a la orilla
de un mar extraño y nocturno,
insistiendo en hacerle el amor a las olas...
Porque sabes y recuerdas y no ignoras
que de esa manera inconfesable
el misterio se hace tuyo
y el secreto te envuelve
en un abrazo inenarrable.

Le preguntas a unos ojos que te escrutan
si puede llover sobre tu poema
o algún animal carroñero
podría mancillar los versos y estrofas
de su esqueleto.

Volviste junto a los hijos y nietos
del exilio y el desamor.
Abrazada a tus rodillas,
frente a un acantilado de rayos y truenos
teñidos de violeta,
tu tristeza llorando un manantial
de lágrimas opacas...
y lo dejaste todo alrededor de ninguna parte.

Te han visto anónima en tu jaula,
sola,
y también dentro del ocaso.

Agazapada dentro del cuadrilátero,
has hecho leña de tu pasado,
de tus errores y pecados,
pero también de tus triunfos
y esperanzas...
todas las manzanas que comiste
llevaban de premio un gusano.
La poderosa raíz de tus entrañas
se hunde en la tierra,
buscando calor, cobijo,
refugio, amor...

Te han hallado lejos, muy lejos.
Como un suspiro roto.
Como un sueño en la herida.
Apenas un recuerdo,
liviano como una pluma.

Juanma - 20 - Febrero - 2015
                                                                                             



viernes, 30 de enero de 2015

ALFABETOS BAJO LA LLUVIA

¿Cómo y cuándo comenzó la lluvia?


Es difícil saberlo con esa misma certeza que se tiene sobre las cosas que nunca suceden. Tengo la sensación de que fue al percatarme de que veía borrosas las letras que escribía, como si estuvieran llorando su tinta sobre el papel, y resbalaban con sutileza hacia el cielo, hacia el infinito, hacia la eternidad...

Intuyo que fue hace ya demasiado tiempo; en alguna constelación lejana, en una edad distinta, con otra forma de agua; cuando verla suponía empaparse de ella y llover a la par; cuando el mundo era indómito y el universo desconocido; cuando orbitar alrededor de sus misterios era una caricia regalada que te dejaba un secreto en la piel…

Una mañana temprano comenzó a llover, con mucho cuidado de no dañar los árboles al compás de la tormenta que el mar y el viento fraguaban; y de pronto surgieron sonrisas en su semblante, eternizando el movimiento de las nubes que flotaban en el aire cuando los ojos del cielo comenzaron a soñar…

Llovía y la tierra se mostraba alegre, adsorbiendo la música de infinitas melodías al mezclarse y entrechocar entre sí…

Llovía y Gaia se convirtió en madre; engendró maravillas, sembró semillas en su interior, colores de ensueño que el arco iris logró plasmar en su lienzo…

Las letras siguen siendo borrosas, pero hermosas; como alfabetos bajo la lluvia...


Juanma - 30 - Enero - 2015                                  

domingo, 18 de enero de 2015

LOS SECRETOS DEL MUNDO

Ella le cogió de la mano. Subieron por unas empinadas y estrechas escaleras de piedra hasta toparse con una puerta redonda, como esas tan graciosas de los hobbits. Daba a un pequeño desván, oscuro y polvoriento. Al fondo había un ventanuco que apenas dejaba pasar los rayos de luz de la mañana. Las tardes debían ser de penumbra, silencio y seres invisibles moviéndose entre las sombras. Las noches... no quería ni pensarlo. Apenas se distinguía gran cosa, pero Loth pudo apreciar que todas las paredes estaban llenas de estanterías, desde el suelo hasta el techo. En unas había libros; en otras extraños objetos, piedras y amuletos; y en algunas más, pequeños recipientes de cristal de muchos colores.
     —Dijiste que me ibas a enseñar los secretos del mundo...
   —Y aquí los tienes —respondió Alana con una sonrisa—. Todos los secretos y misterios del mundo.
      —Yo solo veo cosas inútiles.
    —¿Cosas inútiles? —La muchacha no pudo evitar reírse ante la ingenuidad del chico. Tenía casi la misma edad que ella, pero era tan inocente...— Los libros guardan todos los saberes del mundo. Los conocidos y los prohibidos. Todo lo que fue, es... y quizá también lo que será. Ellos custodian toda la ciencia y fantasía del mundo. También la astronomía, los senderos ocultos del bosque, la poesía...
     —No sé leer —contestó Loth con tristeza.
     —Eso tiene arreglo —respondió Alana—. Yo te enseñaré.
   —¿De veras lo harás? —y por primera vez asomó a los ojos del chico una chispa de alegría. La muchacha se limitó a sonreír y asentir, cual una madre ante la pregunta divertida de su hijo.
     —En las piedras y amuletos —continuó—, se conserva la magia del universo. Cada uno posee un poder distinto, atesorado desde el amanecer de los tiempos. Todo cuanto nos rodea está impregnado de saber y poder. Los misterios de la naturaleza. Los abismos de los océanos. Las maravillas de las constelaciones. Todo aquello que muchas veces no comprendemos... ¿Sientes vértigo? Tranquilo. Cuando aprendas a leer y escribir, también te los descubriré.
     —¿Y en los frascos de colores? —preguntó— ¿Qué guardas ahí?
     —¿Ahí? —Alana se giró para mirar los estantes que tenía detrás— Eso es lo menos misterioso de todo. Tan sólo es mi pasatiempo. Es con lo que me entretengo en los ratos libres. Ahí voy guardando todos los olores del mundo.
     —¿Todos? —los ojos de Loth se habían abierto como platos.
     —Bueno, casi todos... —volvió a reír ella.
     —¿Qué hay en ése de allí? —dijo señalando un frasquito con un líquido gris azulado que había en lo más alto de la última estantería.
     —Ése contiene el olor de los ríos y sus peces... El verde que hay a su lado, el aroma de los árboles y las flores en primavera... El rojo de la estantería de debajo, la esencia del amor y los latidos del corazón...
     —¿Y éste? —el muchacho se acercó hasta uno más grande que había frente a ellos y que brillaba con un color azul celeste.
     —¡Ten cuidado; éste es el más delicado de todos! Guarda uno de los olores que más me costó atrapar. Dentro huele a polvo de estrellas... Pero ven aquí —volvió a cogerlo de la mano y le llevó hasta un rincón— Mira estos dos. Este de color ámbar guarda mi perfume. Y ese otro carmesí, tu olor.
     —¿Mi olor? —cada vez estaba más asombrado— ¿Cómo has atrapado mi olor?
     —Shhhhh... —Alana se llevó un dedo a los labios y, encogiéndose de hombros, dejó escapar otra tímida risita— Eso es un secreto que no está escrito en ninguno de todos estos libros.
     —¿Y aquel otro? El pequeñito que hay al lado de los nuestros...
     —¿El que está vacío? Ése aún tenemos que rellenarlo...
     —¿Tenemos? —la miró más extrañado todavía— ¿Con qué?
     —¿Aún no lo sabes? —se acercó para susurrarle al oído— Ése lo llenaremos tú y yo, poco a poco, día a día, con la esencia del amor...

Juanma - 17 - Enero - 2015                                      

martes, 6 de enero de 2015

LABERINTO DE MAGIA

Todos estábamos intrigados por lo que aquella hermosa muchacha pudiera guardar en esa mano que llevaba siempre cerrada. Recuerdo que una tarde de primavera la abrió...

Al principio no conseguí ver nada, pues tuve que cerrar los ojos ante el resplandor que surgió de ella, pero después... Abrió la mano y fue como volver a la habitación y los juegos y secretos de la niñez y decirle al espejo: "He vuelto, por fin he vuelto a casa".

Abrió la mano y de su interior sopló una brisa risueña, un viento travieso que al acariciarte el rostro te leía los pensamientos y revolvía tus cabellos como si fuesen algodón o risa o un jardín de mariposas que te subiera desde los tobillos hasta las rodillas haciéndote cosquillas, como el revuelo de las flores en primavera y las nubes y su eco, como si una estrella fugaz te levantara el sombrero sin hacer apenas ruido, como el rebelde crujido de un relámpago en el cielo de la tormenta.

Recuerdo los pliegues de sus dedos níveos, casi de porcelana, formando un mágico cuenco, un pequeño y cristalino estanque en el que las ocas y los cisnes iban ahora de sur a norte en una nueva y desconocida migración, regresando siempre a su nido en el hueco del meñique que los acunaba y acariciaba como si él mismo fuese también tersa pluma; recuerdo los remolinos del agua y sus vaivenes alrededor de las aves, y las olas que conquistaban la orilla como si fuesen sueños.

En aquella mano que por fin se abrió suspiraba y deliraba el Mistral, formando espirales a veces de magia, a veces de fuego; en ocasiones no decía nada y en otras, sin hablar, lo decía todo... y se acurrucaba en la curva del cuello, en las mejillas sonrosadas o en la comisura de la boca y, de regreso a casa, se colaba por esa ventana abierta y pequeñita de un "estoy contigo por siempre jamás".

También se convertía en una caricia de arco iris, pero la melodía de su voz no cabía entera dentro y surgía y brotaba formando colores habitados por abejas que traían miel y luciérnagas que irradiaban luz y hormigas que portaban hojas carmesí y púrpura y verde azuladas, y brillantes grises y rosados desde el sendero inquebrantable de las uñas.

En las líneas de su mano había un tiempo y una historia y un lugar, y un alfabeto y una constelación y un mapa donde no había fronteras y sí manantiales y sirenas en busca de náufragos medio ahogados en su sed de nuevas tierras, arribando a una orilla y una costa de cristal y nácar para adentrarse tierra adentro y llegar a las arterias de los bosques y al pulmón de las montañas para sentir el latido de los caminos cuando los recorre el corazón.

Lo que tenía en la mano era un pestañeo de esperanza y un temblor de rodillas y un cosquilleo en el estómago... y apenas terminó de abrirla, me besó como se besan dos labios enamorados. Lo que tenía en la mano más que carne, piel y huesos era cariño y ternura y una canción que te llamaba y te desnudaba dejándote de regalo un nombre mágico como el eco de una risa lanzándose en picado como un halcón desde el acantilado del alma.

Y aquella mano indescifrable, impensable e imposible se abrió como una flor al sol de la mañana y sentí vértigo y alegría y un escalofrío que me acarició y fue... Fue como si siempre hubiese estado muerto y al mismo tiempo no pudiera morir jamás. Y como si todas las veces que muriera de ahí en adelante fuesen para estar cada vez más vivo y alegre y despierto.

Todos estábamos intrigados por lo que aquella hermosa muchacha pudiera guardar en esa mano que llevaba siempre cerrada. Recuerdo que una noche de verano la abrió de nuevo... 

...Y esta vez entrelazó sus dedos con los míos y me perdí para siempre en el laberinto de la magia y el abismo del amor.


Juanma - 2 - Enero - 2015                                              

miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL NOMBRE DE LAS COSAS

Para Gema:


Ibas al encuentro de algo.

Sí, un encuentro misterioso entre aquellas nubes malva y carmesí del crepúsculo. Parecías no verlo. No encontrar ese algo. Solo el ronroneo de un secreto que impregnaba tus manos de ternura y azúcar. Subida a lomos de la añoranza volaste. Sí, volaste alto; muy alto. Allá donde los acantilados alcanzan la cima del mundo, las cumbres guardianas del cielo. Dónde se hallará, parecías preguntarte.

Pero un humo negro en espiral me ocultaba tu rastro y tu presencia. La luna menguante me susurraba que habías desaparecido más allá de las mareas, que te habías ocultado del fuerte oleaje de las tristezas del mundo; allí donde los cuerpos duermen y las almas olvidan. Pero el otro cuarto, el creciente de la luna, también me contaba que seguías preguntando. Y que seguían sin convencerte las respuestas. Cada cosa en el mundo tenía su propia pregunta y su correspondiente respuesta. Pero asegurabas que las habían cambiado todas de sitio.


Seguiste volando. Llegaste hasta ese horizonte donde las luces de las luciérnagas se funden con las constelaciones. Y allí te sentaste a esperar. Quieta. Callada. Sonriente. Me hubiera gustado estar allí. Y a la cara oculta de la luna le hubiera gustado verte. Aunque había algo más. Letras que giraban a tu alrededor buscando la palabra de la que se habían desprendido, intentando volver a ser, a decir o a significar algo. O tildes que se habían caído de sus sílabas. Pero allí seguías. Sonriendo. En silencio. Esperando. 

Y detrás de los esbeltos espejos de tu refugio ahora secreto, mirabas hacia atrás mientras hilabas los cabellos de meteoro quecomo estrellas fugaces, se derramabatu alrededor. En una hermosa quimera de antes te recuerdo tejiendo matices de luz; un destello de azul de luna, un poco de agua de ámbar; ahora unañoranza, la dulzura del almíbar, de una rosa; vuelta del derecho, vuelta del revés, y cambiabas el punto sin mover el gesto de las niñas felices dentro de los párpados. Quizás hace tanto tiempo que habías comenzado a trenzar arco iris, que no recordabas que ya los dejaste todos dibujados en el cielo, entre el sol y la lluvia, y continuabas con tu mágica artesanía; un díaunnoche y otro sueño más, imaginando un pétalo, una risa, un unicornio en el bosque abrigado con la piel de tu eterna ensoñación.

Te empeñabas en que en el universo pasaba algo raro. Nada preocupante. Nada que abriera grietas entre el sueño y la realidad. Pero sí algo extraño, apenas perceptible. Como una llave perdida buscando con tristeza la cerradura que diera sentido a su vida. Como una primavera aún teñida de rastros de otoño y quedándose sin tiempo ante la llegada del verano. O como Alicia; en un mundo del revés que no era el suyo, pero que no podía ser de nadie más que de ella.

Te deslizaste de puntillas, pero la luna llena te oyó llegar. Y si no se lo hubiera contado la luna nueva, que para eso está. Llegaste en el envés del sueño del haz del país de las maravillas. Algo no llegaba. Pero algo que no llegaba y estaba en camino era siempre mejor que nada que ya estuviera o que se acercara. Escribiste el nombre de algo en el aire y soplaste para que el viento se lo llevara. Como el mensaje de la botella de la esperanza arrojada al mar de los sueños.

Entonces, desde el hueco callado de una puerta entreabierta, una mano desconocida te llamaba desde entre los árboles inmemoriales de bosques antiguos. Al acercarte al misterio, una voz de mermelada y algodón acariciaba tus ojos inquisitivos y anhelantes, como el ángel custodio de los secretos del fuego guardando las sombras de las llamas y sus grietas. Y aquella melodía te trajo el amanecer del manantial de la lluvia y el hueco que la madrugada olvidó entre los acordes del tiempo. Te trajo una tormenta de escalofríos, esperanzas y resplandores. Y te trajo también un collar de palabras susurradas y besos guardados y polvo de estrellas para que pudieras salir y escapar de todos los laberintos.

Y ahí seguías. Esperando con una sonrisa en los labios. Sin hablar. Sin moverte. Como una estatua griega. Hermosa y solemne. Recordando que cada cosa tenía un nombre. Y un sitio. Y un momento. Mirando más lejos de donde nadie podía ver y arrebatando con la magia de esos ojos azules el brillo a las estrellas...


Juanma - 18 - Diciembre - 2014                                          

martes, 2 de diciembre de 2014

OTHERLAND

Te acercas...

   Desde la estrecha rendija que se abre en la madrugada puedo observar un destello que se aproxima, un resplandor que se agita como la vela de un barco a merced de la tempestad. Te detienes bajo la lluvia sin darte cuenta de que yo también estoy ahí debajo. Tu pelo mojado, tu ropa empapada y tu sonrisa haciendo de parapeto contra el viento. Te dejas embriagar por la felicidad. Abres los brazos y recoges entre ellos todo lo que naturaleza te pueda dar. No le tienes miedo a nada que no esté ya dentro de ti. Y todo eso, lo tienes desde hace tiempo bajo control. Yo sigo ahí debajo, observando, aprendiendo que la eternidad a veces camina y siente y se mueve. Que también se pueden acariciar los días sin tocarlos...

   Sigues ahí. Cantando y bailando bajo la lluvia. Emulando a Gene Kelly. Aunque ya hubiera querido Gene Kelly poder emular el eco de tu gracia y de tu risa. Le hablas al viento y le susurras a la brisa. Y yo a tu lado intentando escuchar algo y sin poder comprender nada. Porque os habláis en otro idioma. Vuestro lenguaje es el de la tierra y el agua y el fuego. El eco de la naturaleza. Todo son ecos del pasado. Intento hablarte, pero no me oyes. Y de repente todo cesa...

     Y ahora eres tú la que mira, esta vez por la tenue rendija del alba. Y me ves. Y te extrañas de las sombras y tinieblas tan oscuras que rodean mi mundo grotesco. Me preguntas por mi luz. Te digo que la he perdido. Que en alguno de mis últimos viajes la he debido de extraviar. Y que ahora solo veo la luz cuando te miro. No puede ser, me contestas. Me tiendes la mano. Y abres las rendijas de par en par. Y mis dedos acarician los tuyos. Siento el vibrar de la vida. Me rodea tu optimismo y me dejo atrapar por él sin oponer resistencia... 

     —Solo era un mal sueño —me susurras al oído.
      —Aquí siempre es así —te contesto como si fuera un secreto.
       —Por eso debes dejar esto atrás.
       —No conozco otro sitio a donde ir...
    —Puedes venir conmigo —me susurra con una mirada traviesa y una chispa de algo indefinible, algo como polvo de estrellas, en su mirada.
       —Me da miedo preguntarte adónde.
     —No importa mayormente el sitio, como le dijo el gato a Alicia. Siempre que sea en otro lugar...


Juanma - 2 - Diciembre - 2014