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lunes, 1 de abril de 2019

DESDE IRLANDA


Inés me ha escrito una carta desde Irlanda:
tres folios donde repite lluvia nueve veces
y verde diecisiete. (las he contado).
También dice que me echa de menos
y que quizás regrese para julio,
en vacaciones, a pasar unos días.

Mientras me deleito con su dulce caligrafía
la he recordado recostada sobre mi pecho,
con el tacto de su piel inventándose atajos
para llevarnos a paraísos inimaginables.

Me he detenido en un párrafo a mitad de carta:
“A veces me miro en el espejo
y creo que no me reconozco,
ni encuentro aquello que decías ver;
no imaginas cuánto me añoro
desde que no me miras”

También me ha enviado una foto,
su sonrisa a lo Audrey Hepburn
me ha desarmado, como siempre.
No recuerdo haberla visto nunca tan abrigada,
ni tener jamás tantas ganas de desnudarla.
Ni siquiera aquella vez (la primera),
en que estaba tan feliz y nervioso
que mis torpes manos parecían de lluvia
y su piel un charco sobre la acera.

En el reverso me habla del paisaje del fondo
(Los Acantilados de Moher)
“Cuando hace mucho viento
dan ganas de convertirte en cometa;
es bello y peligroso como amarte
en rincones secretos y escondidos”.

Mientras releía sus palabras
mi dedo recorría su silueta,
como si la nostalgia se pudiera
borrar de un plumazo
a través de los recuerdos.

“Aquí el tiempo pasa demasiado lento,
como en una clase de física y química;
cada vez que veo un barco grito tu nombre,
imagínate con las estrellas fugaces”.

Casi al final del tercer folio
dibuja un corazón coloreado con esmero,
decorado con nuestras iniciales,
como un tatuaje en el tiempo
como un amor para siempre.

"Recordarte no te trae de vuelta
pero me hace olvidar que te has ido",
escribo en la primera frase
de mi carta de respuesta.

Me sorprendo sonriendo mientras lleno
de palabras unas hojas en blanco.
“Ni la felicidad hace preguntas
ni la tristeza conoce las respuestas”,
continúo mientras el jodido silencio
parece un eco devolviéndome su nombre.

“Algunas tardes paso por tu calle;
sin ti parece que haya habido una batalla
o que la haya devorado un desierto”.
Te hablo del amor con pasión,
un poco del olvido con temor
y concluyo con una frase que no es mía;
“El primer amor es para siempre,
porque si no es para siempre
nunca fue el primer amor”.

Juanma - 31 - Marzo - 2019









viernes, 9 de febrero de 2018

MIENTRAS CAMINO

Mientras camino a oscuras la vereda,
sus recuerdos consiguen, sin pudores,
adornar las palabras con sabores,
pintar en el desierto una arboleda.

Cuando sale la luna desenreda
la bruma del pistilo de las flores,
a ver si entre la noche y sus colores
reluce como el sol su piel de seda.

Se acerca a pasos lentos, indecisa, 
pestañea, sonríe, me enamora:
amanece en mis sueños su sonrisa.

Amiga del amor y la deshora,
rebelde del ahora y de la prisa:
son sus ojos el cenit de la aurora.

Juanma - 9 - Febrero - 2017

miércoles, 10 de enero de 2018

SILVIA

17 de noviembre.
Maldito diario:

Tras varios meses de ausencia
(casi desde el último abril
del que ya solo queda un tenue arco iris
en algunos fotogramas polvorientos),
tengo algo nuevo que contarte.

Esta mañana de ido con Silvia
(sí, con Silvia, has leído bien)
de compras a la Gran Vía,
a una de esas tiendas del centro
donde los maniquíes besan
sin censura a la anorexia.
Después de probarse nueve vestidos
he pensado, con franqueza, que para qué,
si no hay tejido mas hermoso que su piel.
(Pero claro, no he podido decírselo).
Al final se ha decidido por uno de flores
de mil formas y colores,
como si hasta el despiadado noviembre
fuese para ella primavera.
Pero si Silvia se empeña en que es primavera
florecen los cerezos hasta en la Antártida.

Después hemos ido de cañas a La Latina,
a los bares y esquinas de siempre;
ella ahora bebe sin alcohol,
y a mí, como siempre, casi me basta
con mirar sus labios mientras bebe.

Comenta Silvia:
"Enamorarse de la persona equivocada
es desenamorarse de uno mismo."
¡Qué poco se imagina ella cuán cierta
(y puñetera)
es esa afirmación!

Me ha hablado del último libro que ha leído,
del frío criminal que hace en Copenhague
del trabajo en el que acaba de empezar,
de que ya ve la luz al final del túnel...
La luz al final del túnel son tus ojos, he pensado,
verdes como las primaveras de la juventud.

Maldito diario...
¡no imaginas cuánta nostalgia cabe
en un par de palmos de distancia,
cuántos recuerdos revividos
de un lado a otro de una mesa,
cuántas primaveras levantando muros
entre su boca y la mía,
cuánta fantasía a mil años luz
de la puta realidad!

De vuelta a casa de sus padres
hemos regresado también a la infancia:
ya no está ese banco donde nos sentábamos
y tantas veces planeé besarla
cuando todavía no teníamos edad
(ni sitio)
para las tristezas,
tampoco el parque donde su risa
convertía un taciturno columpio
en una vertiginosa montaña rusa,
y un centro comercial ha engullido aquel descampado
donde jugábamos al escondite
y siempre me dejaba coger
(aunque ella no lo sabía)
por el simple placer de oírla gritar mi nombre.

"Nos han cambiado la ciudad,
el presente y hasta el futuro...
pero los recuerdos siguen en su sitio",
le he confesado.

Ella me ha mirado con melancolía
pero ha sonreído.
Hasta ese momento casi he creído
que podía salir ileso
(o con escasas secuelas)
de aquel encuentro
Pero esa sonrisa me ha derrotado...
y ya sabemos que no es posible salir ileso
de un naufragio en alta mar
o de los restos de un terremoto.
La misma sonrisa de entonces,
fascinante como un truco de magia;
la sonrisa de los recreos,
la de los cumpleaños en la calle,
la de las miradas cómplices,
la de tantas tardes en mi casa
compartiendo secretos y música,
un auricular para cada uno,
cuando las canciones eran una aventura
y sus letras himnos insondables.

La misma condenada e irresistible sonrisa
de te quiero, pero como amigo,
la de me voy a estudiar a Dinamarca
la del día de su boda
en esa fotografía con ese otro chico
que nunca fui yo.

Nos hemos despedido hasta la próxima
(quizás pronto, tal vez nunca),
con besos y abrazos tímidos.

Ya solo, sentado en el autobús,
con los ojos empañados
e intentando huir del pasado,
con su perfume y su sonrisa
aún prendidos en mi recuerdo,
he pensado en ese afortunado de la foto que,
en la próxima primavera,
decorará el suelo con los pétalos
de su vestido.

No he podido evitar odiarla,
odiarla con todo mi alma;
a la primavera claro,
porque a Silvia la amaré siempre.



Juanma - 9 - Enero - 2018

sábado, 6 de enero de 2018

N

N se asoma a esa ventana
melancólica
de un lunes cualquiera.
Su casa huele a vacío y abandono,
a polución nocturna y a angustia;
un gato maúlla en algún rincón,
el frío se cuela por un cristal roto,
y otra vez se quema el café.

Las farolas parecen curiosas estrellas
mientras N echa de menos
lo que fue ayer,
casi tanto como lo que será mañana.
Más que lo que fue, lo que sentía entonces:
aquellas mariposas en el estómago,
la magia en los huesos,
el amor en el alma
el cóctel de hormonas,
la droga del corazón…

N pone un disco de Leonard Cohen
en el viejo tocadiscos,
enciende un canuto
con el viejo zippo de H
y deja flotar sus pensamientos:
a veces sale de su cuerpo,
flota alrededor de la lámpara
y recupera la fe;
otras, siente que su piel
es una madriguera llena de ladrones,
que las canciones y los porros
jamás le traen ya de vuelta
los posos de su risa,
la ilusión de los viernes,
las caricias multiorgásmicas,
la sensación de ser alguien.
Aunque sea por una última vez.

A N le gustaría abrasarse
la piel con otras manos,
la boca con otros labios;
y poder decir, con algo de fortuna,
aquello de que aún no estamos muertos
mientras se acaba
el último sorbo de cerveza
en las entrañas de un tugurio
de mala muerte;
fuera en la calle huele a mar,
a tierra mojada,
a café derramado
o a apocalipsis, ¡qué más da!
En ese efímero instante
un vagabundo muere,
una duda se disipa,
un mimo estornuda,
un nuevo día amanece
y una niña pide un deseo
mientras el agua del lavabo
se lleva su pestaña por el desagüe.

(Lluvia)

N aplasta la colilla en la acera
y escucha el blues invisible del agua
inundando el mundo.
La ciudad nunca duerme,
eso ya lo sabe
desde siempre.
Como esa puñetera cantinela
de mañana será otro día,
de qué ojeras llevas hoy,
de no bebas entre semana
de un clavo saca otro clavo…
de adiós a tanta tontería.

Juanma - 6 - Enero - 2018

viernes, 8 de diciembre de 2017

INYECTARNOS FANTASÍA

Si te acercases
podrías ver cómo me observan
los buitres que siempre revolotean sobre mi cabeza.
Odio esas noches que se clavan como jodidas lanzas,
esas horas que se suicidan antes de tiempo,
las lágrimas amargas de cualquier chica tiste
al fondo de la barra de cualquier triste bar.
El olor de la desidia, su anestesia en las venas.
Sabes que nos quedamos en la entrada buscando una salida.
Que detrás de los surcos de los años perdidos
todavía laten ascuas de sueños inconclusos.
Tantas historias se quemaron en el fuego del olvido...
Poemas con olor a flores marchitas,
noches con anhelos que abrasaban en el pecho,
calles pintadas de nostalgia y sexo.

Si te acercases
podría enseñarte mi deshabitado mundo,
mi derrotado ejército de ilusiones,
mis últimas primaveras caducadas en la nevera.
Me dueles si estoy lejos de tu cuerpo.
Se alborotan hasta mis pestañas si te quitas la camisa.
Aunque, a veces, no recuerde ni quién eres.
Porque el pasado arde y renace como el Ave Fénix de sus cenizas,
como las risas de unos niños extraviadas en el parque,
o la esperanza desgarrada por las púas del alambre de la piel.

Si te acercases
comprenderías que ya no somos,
ni seremos,
los guardianes de las llaves del querer.
La mirada en la luna, los fines de semana en celo,
los lunes de borrasca lamiéndonos las heridas de las caricias mal dadas.
Aullando como lobos, apurando la madrugada,
estrujándonos los sesos, jugando a no me acuerdo, bebiendo dinamita.
Al amanecer los recuerdos son como jodidas resacas que acechan tras cada esquina.
Te golpean y escupen, te empujan y olvidan...

Si te acercases
sabrías que la única manera de tocar el cielo
ha sido siempre lanzarse de cabeza al infierno.
Porque el paraíso es la barra sucia y pegajosa
de una taberna de mala muerte.
Porque las cicatrices del alma abren la puerta
de alguna dimensión desconocida.
Y porque la realidad es a la imaginación
lo que las estacas para los vampiros.

Si te acercases,
tan solo un poco, a este lado de la jaula
podrías ver a los cuervos agrupados en bandada,
a las bestias arremolinándose en jauría...
Puedo esnifar tus palabras hasta colocarme de tu idioma.
Y después, tal vez, cruzar la Vía Láctea en un Cadillac.
Quizá ser otra persona, ser algo, todavía.
Vivir, aunque sea, en una habitación de madrugadas a deshora,
sobrevivir con cerveza y restos de pizza fría,
Recitarnos poemas aprendidos de memoria,
bailar twist en lo alto de las grúas,
hacer el amor en los escaparates de la Gran Vía.
Sodomizar la pausa y la prisa.
Aullar hasta que la luna nos dé una patada,
Beber torrentes de vodka cerca de un precipicio,
coleccionar estrellas, inyectarnos fantasía.
Escondernos de la gente.
Construir una máquina del tiempo
y volver, a la misma noche, cada día.


Juanma

sábado, 22 de octubre de 2016

DESEOS

No perder el camino, ni el fuego, ni sus sombras ondulantes. 
No olvidar el mar, el río, las montañas y la tierra.
Enamorarnos.
Que siempre haya mapas y tinta y libros de papel.
Detener las máquinas para contemplar el firmamento.
Seguir aprendiendo. Aprehendiendo.
Barrer la monotonía de las calles.
Que, si me olvido, me enseñes de nuevo a soñar.
 Vaciar de enfermos los hospitales.
Y de crímenes las calles.
Escuchar la quietud del día mientras nace.
 Abrazarnos en esa hora en que la luz y el tiempo son etéreos.
Construir una góndola y navegar por los canales de los versos en las noches de poesía.
La ternura en los labios, en los besos.
Dibujar sonrisas en los paisajes tristes.
Curar de dolor el amor.
Una canción desconcertante de sensaciones.
Seguir sorprendiendo.
La música.
Tu risa.
Pasatiempos en la nubes.
Cruzar de tu mano el umbral de Fantasía.
Pintar miles de soles para borrar todas las sombras.
Que siempre haya magia en las dibujos de los niños.
Aullar a la luna llena.
Recorrernos la piel y las venas.
El primer llanto al nacer de los días tímidos.
Que siempre quede un remanso que alivie los desencantos.
Empaparnos del estremecimiento de unos ojos bohemios.
Que te quedes para siempre.
Atesorar el tiempo intangible entre las manos
Un pincel rebosante de colores y los bolsillos... de ilusiones.
La inocencia.
Ninguna lágrima en los ojos de los niños.
Atardeceres tranquilos.
Salas de espera vacías y corazones llenos.
Que me perdones los errores y los horrores.
El génesis naciendo de cada orgasmo.
Las aulas siempre abiertas y llenas de alegría, vino y filosofía.
Dejarnos llevar.
Cerrar los ojos y señalar un punto en un mapa al azar.
Baudelaire en todos los discursos e investigaciones.
Maestros y alumnos jugando juntos en los recreos.
El arte.
Esas noches soleadas y esos días bajo la luna.
Y las estrellas.


 Que siempre lluevan tardes de verano en la tenue luz de las alcobas.
Arroparnos las entrañas.
Ser tan solo culpables de no tener ninguna culpa.
Que los miedos sean fugaces.
Poder volar en pajaritas de papel.
Envolverme en papel de regalo para ti.
La extinción de las guerras y las cárceles y los zoológicos.
Miguel Ángel esculpiendo las formas de las ilusiones.
El interior de Lothlórien en tu mirada.
 Hacer de la razón nuestra locura.
La crucifixión de todos los sistemas, de todas las leyes, de todos los gobiernos.
Dormir siempre con un libro bajo la almohada.
Y con tu cuerpo entre mis brazos.
Tener siempre un alma que acariciar.
Un corazón que cuidar.
Un amor que alimentar.
La paz en todo y en todos.
Que las canciones y la poesía suenen en cada rincón del Universo.
No enfermar nunca, salvo de pasión.
Escribir relatos a la luz de las velas, velando, desvelando y revelando nuevas letras.
Finales felices en todos los diagnósticos.
Un viaje. Todos los viajes posibles.
Que la suerte sea buena para los pobres y afligidos.
Miríadas de rayos de luz en los tejados del mundo.
Oler la dulzura de las plantaciones de vainilla.
Abrigar el ánimo y el desamparo.
Un alma. Todas las personas.
Mecernos en los columpios cuando nadie nos vea.
Una pandemia universal de libertad.
Dormir bajo el cielo raso
Contar sus estrellas.
 Hacer manitas en cualquier sala de cine.
Un escondite mágico en cada lienzo y cada cuadro.
Una mirada extasiada plena de felices sentimientos.
Tejernos un jersey para el invierno con los hilos del arco iris.
Tumbarnos boca arriba mientras el día pinta amaneceres en el techo.
Un sinfín de mundos sin fronteras.
Y que siempre, en cualquier lugar, en todos los lugares, haya alguien que sueñe, que cuide, que cure, que proteja, que escuche, que cante, que baile, que enseñe, que construya, que invente, que entusiasme, 
que acaricie, que acompañe, que ría... y que ame.


Juanma - 22 - Octubre - 2016



                                                                                                 

miércoles, 16 de marzo de 2016

PARPADEO

Su corazón es tan grande
que dentro caben el mundo...
y su ausencia.

Cierra los ojos en un acorde,
breve como la alevosía de un parpadeo,
termina su cerveza y resopla
porque siente que se derrama
por los bordes de aquel tugurio
de mala muerte
donde todos parecen maniquíes de risa enlatada con ojeras y alopecia.

Otra semana perdida
entre sueños sin vísceras
y fantasmas con ictus
y arrugadas esperanzas descarnadas.

A veces los pensamientos son inexplicables
y el inconsciente un burdel lleno de trastos.
Reinventa las historias, y sus finales,
y truca las lágrimas, y las sonrisas,
para que el pasado le parezca,
cual un abrir y cerrar de ojos,
el último reducto de su salvación.

Con un tintineo de llaves abre la puerta,
entra en su piso vacío
y se queda mirando la cama huérfana;
limpia el polvo a sus discos de Dylan...
Malasaña es, por derecho,
su respuesta en el viento,
y su ciudad un lecho de espinas,
y su alma un laberinto
que huele a farolas y a octubre
y a Lucky Strike;
como un mendigo malabarista
rebusca entre callejones olvidados
donde laten perturbardoras tinieblas
y un puñado de recuerdos,
desgarradores como cristales rotos,
le devuelve a su pasado...
y a la siniestra delgadez de su sombra,
y a una infancia lejana que parece
un islote perdido entre la bruma.

Otra noche que se arrastra
por otra semana enferma...
fotos antiguas que parecen mausoleos
y la multitud paseando sola
y la ¿última copa? tirada por la borda
y su alma frenética como un enjambre
de avispas psicópatas.

Al final, todos los sueños acaban en el camión de la basura,
con la melodía de la ciudad nocturna
robándole pensamientos a su memoria
y esparciéndolos bajo los neones.
De ella hace casi un siglo ya
y en el Centro del Universo de sus labios
aún se lamentan los besos no dados.

¿Quién sabe nada con catorce años
si hasta los sabios enseñan
que veinte no son más que un parpadeo?


Juanma - 16 - Marzo - 2016


                                                                                                   

miércoles, 11 de noviembre de 2015

NUESTRO LECHO DE SUERTE

Despertar de un sueño
para soñar despierto.
Plantarse por una semilla
y engendrar un árbol.
Alzar las cabezas sentadas
con el corazón latiendo
y supurando inquietudes de sus heridas..
Astronautas con plumas y papel.
Asteroides de coincidencias
y naves especiales de casualidades.
Abrazar(te).
Un desahucio de ausencias
Un abandono de vacíos.
Asomados a la ventana del infierno
y delimitando sus fronteras.
Durmiendo a tu lado
para doctorarme en la geografía
de los valles de tu espalda.
Improvisadas salidas de emergencia para
peligros desconocidos.
Envolver tu cuerpo
con papel de regalo del universo...

Buscar pues templos sin religión
y países sin alambradas.
Que crezca todo lo infantil
que aún se conserve en nosotros.
Quitemos los entierros de las velas.
Desordenemos las calles
y subamos la música hasta ensordecer
de ritmos y melodías.
Desvistámonos con letras.
Desandemos todos los caminos
que no conservaron nuestras huellas.
Tal vez fue el acierto de no tener ningún fallo.
Empapémonos de lluvia de estrellas fugaces
que no se fuguen de nuestros sueños.
Y disfrutemos de un nuevo viernes noche
cada aburrida tarde de domingo.
Subamos de espaldas las escaleras.
Despeguemos del suelo con un beso.

Enmarquemos arco iris en el cielo...
y construyamos todos los castillos
encantados que nos encanten.
Bajemos del avión en un tobogán.
y regalemos a nuestros oídos
un sonajero de piropos.
En el manicomio de nuestra cordura
aprendamos el placer de la locura.
Marca-pasos en el sendero.
Montaña rusa de sorpresas.
Y nuestro hermoso lecho de suerte
arropado de bellas palabras.

Juanma - 11 - Noviembre - 2015                                                              

viernes, 24 de julio de 2015

LOS COÁGULOS DEL TIEMPO

¡Qué complicado resulta respirar
en esta era tecnológica sin alma
ni recuerdos...!
Cambiar los mapas por prisiones,
los sueños por pesadillas,
la eternidad por un suspiro
en la frontera del abismo.
Los regalos por anhelos,
el otoño por el sueño de una noche de verano,
los mariposas en el estómago
por un atardecer en el hueco de tu ombligo.

¡Qué complicado es ocultar las huellas,
crucificar el aroma de la juventud como si fuese
un jodido mandamiento...!
Hacer guardia noches enteras
esperando a que se abracen los muñequitos del semáforo
sin recompensa.
Es triste vivir fuera de la música de los discos,
lejos de las aventuras de los libros
y de las madrugadas libres y salvajes,
no poder (ni saber) quedarse a dormir
en el tejado de las canciones.
Desdicha es que el tiempo a tu lado sea limitado,
felicidad convertir tu pelo y tu piel en un templo
o un parapeto contra las flechas
de los coágulos del tiempo.

Tristeza es tomarse la última al amanecer,
querer conservar tu corazón en ámbar,
o como una flor deshojada y cosida
con fuego al infierno de mis entrañas.
Querer y no poder encontrarnos por dentro,
tener que escapar del bullicio,
las sonrisas enclaustradas,
que los sábados se deshagan
como jirones de niebla,
o el canto de hermosas sirenas
que habitaban en islas
más allá del último confín de tu espalda.

Dejar atrás nuestra infancia es
acercarse a bailar con la muerte,
aunque a veces consigamos regresar a ella
con un aroma o alguna canción
y un vaivén de poesía entre las pestañas.
Por un momento
volvíamos a ser niños para la eternidad
y yo notaba un escalofrío
en la nuca
y un vértigo tatuado
en la piel del alma.

Llevamos el miedo en la mirada
como una cicatriz,
un algoritmo,
o el aullido
de la libertad
de los niños que fuimos,
de los años sin calendarios ni relojes,
de las ilusiones que dormían
agazapadas en los laberintos
del corazón..


Juanma - 24 - Julio - 2015                                                                  

miércoles, 8 de julio de 2015

HUELLAS

Busco tus huellas y quiero encontrarte
para siempre jamás,
como en la última frase de mi cuento favorito.
Una molécula de tu aliento,
el manantial de tus labios
o un equinoccio en tus pestañas.
La misteriosa luz de una luciérnaga al otro lado del mundo,
en Irlanda,
en China,
en Praga...
la cicatriz temblorosa
de otra
madrugada
en el reino sinuoso de tu espalda,
media mañana a deshora. Tres relámpagos de amor.

Ahora vuelvo.

Un blues de medianoche en la mirada,
las células de tu adolescencia,
las pecas de tu niñez
a toda prisa como esporas.
O mariposas que preferían danzar colgadas de tus pestañas
a regalarle su vuelo a cualquiera.

El futuro en una incógnita,
y el vértigo de una duda
con las muñecas cortadas
y desangrada en la bañera,
los atardeceres que evaporan los cuatro puntos cardinales,
o un abrazo de no te vayas
y una cerveza fría..

El atlas de tu dormitorio,
dos tercios de abril entre tus piernas,
el otro entre mis brazos
porque la primavera no caduca
ni a las entrañas de Madrid le duelen los reproches.
Un pupitre con un niño nuevo,
la brújula desimantada de un marinero,
perdiendo el norte y el sur por el hueco de tu ombligo,
toda la eternidad jugando a inventar
rosas de los vientos que nunca marcaron los rumbos
del horizonte.

Aburrido, insustancial y anodino.

Como las páginas de esquelas de los periódicos viejos.
Los espejos que devuelven
el reflejo de tu mirada a mis pupilas.
Los icebergs derretidos y las alas de las libélulas.
El presente pausado en las pantallas de cine.
Los espíritus de los antepasados en las fotos,
tristes y marchitos y somnolientos.
O un suspiro aullando en la madrugada de los lobos.
Mi sed de ti rugiendo en todas nuestras melodías.
La bruja de la noche robando neones a los bares.
Tu olor a bosque que siempre regresa para embriagarme.
Y enterrar mi cadáver en una fosa de estrellas fugaces
para resucitar a últimos de Octubre y buscarte de nuevo a primeros
de Noviembre.

Podría quedarme atrapado en un recuerdo tan fugaz y dulce,
entre cautivos,
y gemidos
y colores
y océanos
y olvidos
y senderos
y andenes
y trenes
y parpadeos
y relámpagos
y acordes...

Y si Tokio ya no nos quiere,
saber que en tu pelo es siempre verano y vacaciones.
y guardarte como el secreto perpetuo de un niño,
las diabluras de un duende travieso,
el espantapájaros de Oz,
la sonrisa de Cheshire,
o la flor de aquel Principito,
que no comprendía a los adultos
ni quería ser nunca mayor.

Entre rosas y espinas
la luz de las televisiones encendidas
y ardiendo en las casas de los infernales agostos,
pero con programas y gente distinta
cada verano.
Y amantes teniendo salvajes orgasmos en los hoteles.
Y el asfalto un horno,
los tejados derritiéndose,
las conversaciones de los bares,
la breve pero inabarcable distancia entre
la piel y los tejidos
y, o
nosotros besándonos con pasión,
la prisa de la comida del supermercado por subir las escaleras
y ponerse a salvo en el frigorífico,
y el ruido de las latas de cerveza al abrirse
y al vaciarse,
mientras otra malvada cigarra riéndose de una nueva hormiga
y las semanas parecen de arena y sol
hasta que llegan los viernes.

Otro vinilo rayado
y el aguijón de un te quiero en la garganta,
el paraíso es un billete sin retorno al asiento
de atrás
de las llamas del infierno más acá de tu bufanda.
Amar es
una isla perdida y solitaria y,
desde allí,
el mundo es verde,
más verde que el verde de la primavera de los cuadros,
porque todas mis vidas y muertes y reencarnaciones
empiezan y acaban en Septiembre..

Los caricias infinitas,
el solsticio de tu ombligo,
astronautas enredados en tu pelo,
el cuelga tú, tú primero,
el ajedrez de la vida,
la lujuria de las abejas y las flores,
las cañas y las tapas,
los gusanos de los vicios,
las noches sin dormir tatuadas en los rostros,
el sopor y desencanto de los lunes...
Pasatiempos, sopa de nostalgias,
juegos de niños y, en un parpadeo, juegos de manos.

¿Tal vez o quizá?

Ámame si te atreves.
Mi lengua en tu cuello es un acróbata
valiente y decidido...
Pero,
(puñetera palabra)
ya nada es mío ni tuyo ni de nadie;
la primavera, imperfecta,
el otoño, desconfiado,
el océano, un vertedero,
nosotros, distintos,
pero los mismos.
Sobrevolando abismos
como buitres la carroña,
disfrazándonos de hipócritas y cínicos,
regalando colores que no son nuestros.

Te conservo en el baúl de los recuerdos
donde guardo los tesoros que más quiero,
por debajo del subsuelo,
por encima de las nubes,
entre llamas del Averno...
Tal cual un verso aguerrido y salvaje
que sobrevive a la batalla
y nos empuja hacia el acantilado
y nos corona como héroes del abismo.
Sin pensarlo.
Sin quererlo.
Hemos sido la pesadilla favorita de un idiota,
mientras los dioses bebían de nuestros sueños
hasta dormirse, ebrios y felices.
Como tus manos dormidas en las mías,
como gatitos perezosos
en el vals de mi regazo.

Te guardo como huellas del desierto,
como luces del pasado,
como restos de una hoguera
fugaz y eterna,
que insufla aire,
que desangra
que da muerte y que da vida
al embrión de cada amor.


Juanma - 8 - Julio - 2015