jueves, 30 de octubre de 2014

ENTROPÍA

A veces se siente uno tan pequeño que ni siquiera se ve. Y crees atisbar en esa pequeñez una antigua sensación de distancia, de miedo... o de fragilidad. Tal vez nunca deseaste que fuera así, tal vez siempre lo tuviste prohibido. Pero nunca se sabe lo que se tiene hasta que se pierde, por muy extenuada de tanto uso que esté la expresión. Porque quizás siempre tuviste claro que el amor no era esa isla perdida que se miraba desde la cubierta del barco sin desembarcar en la orilla.

Puedes empeñarte en seguir siendo un niño todo el tiempo del mundo, pero en tu infancia de ilusiones fabricadas ya sabes y comprendes que la vida es todo aquello que los mayores dicen: peligrosa, misteriosa, extraña; y jodida en ocasiones... pero casi siempre sabia a pesar de todo. Lo intuyes, pero tienes también derecho a pensar que lo ignoras. Imaginas y recreas en tu mente todo lo maravilloso que pudo haber sido, y terminas creyendo que las malditas circunstancias a menudo te condujeron a sitios que ni siquiera buscabas.

Y terminas ignorando hacia dónde se dirige el barco en el que te ha tocado navegar. Cerca del final del viaje extravías los remos y acabas avanzando con los brazos, sacando con las manos el agua que entra a cubierta por las innumerables vías que se han abierto dentro. Y no te queda más remedio que asistir impasible al espectáculo y ver como todo se llena de huecos y agujeros... y como después, de forma milagrosa, el sol rellena las brechas con rayos de luz.

Crees saberlo todo cuando en realidad no tienes ni la más remota idea de nada. Crees que  decides y lo único cierto es que ya no hay nada que decidir. Y sientes miedo, pánico, pavor...

Ignoras qué es lo que te queda, si es que te queda algo todavía. Y no sabes si podrás descansar alguna vez ni en qué lugar. Haces todo lo que imaginas posible, aprendes, buscas... Pero muchas veces, con todo eso no basta.

Rezas para que las cosas cambien y sean de otro modo: intentas hacer y hacerte la vida más fácil y no consigues otra cosa que construir laberintos a tu alrededor. Quieres jugar limpio, pero sólo te enseñaron a hacer trampas con los dados del destino... y terminas jugando con fuego, dándote un tiro en el pie. Te escondes, reniegas, desapareces. Pero en el fondo del pozo del alma también te quieres un poquito, de vez en cuando. Y te rebelas ante tu destino.

Te resistes a jugar a cara o cruz la única moneda de la suerte. Te empeñas en que no todo sea un caos, un desorden, un despropósito; sino algo distinto. Decides jugar por fin una mano decente aun con las paupérrimas cartas que te han tocado.

Y permaneces quieto, respiras hondo, cierras los ojos. Escuchas cantos de sirena y musas cantando que hay cosas que no se rompen; como el amor o los corazones que aman.

Siempre te han recordado con mucho énfasis que apenas eras nada, una minúscula e insignificante brizna de hierba en el jardín de la vida. Pero por una vez no estás seguro de que todas las afirmaciones sean ciertas...


Juanma - 30 - Octubre - 2014

sábado, 25 de octubre de 2014

VERDE


Desembarca en las calles de la ciudad con la cautela de un niño, embutido en un chubasquero verde. Las ráfagas de viento parecen asustarle y camina cohibido, apenas una sombra bajo el azote de la lluvia. Su rostro está pálido, una riada de recuerdos le arrastra hacia un gélido jardín de invierno. Sus pasos son lentos, inseguros... pisa cada charco que encuentra en su camino intentando que la humedad traspase su piel e impregne todo su ser. Encuentra un puente frente a él. Es el mismo puente donde los enamorados se vuelven beso álgido de sensaciones cuando la luna llena ronda por las inmediaciones de la noche. Se asoma desde la altura; abajo, una corriente de agua arrastra el pasado hacia el presente. Decide bajar hacia el futuro. Bajo el puente, apoya su espalda en una columna. Ve pasar una procesión de ondas refulgentes sobre la superficie del agua que discurre bajo su sombra. Ese fuir hipnotizante le produce una extraña somnolencia; y desde esa media vigilia confusa se sumerge en un profundo letargo. Un sueño vaporoso y subterráneo en el que se ve a sí mismo serpenteando desnudo entre simas y cimas que parecen gritarle que se dibuje unas alas y eche a volar. "¡Alas!" exclama como si acabara de descubrir el significado de esa palabra. Pero al mirar a sus lados, comprueba fascinado que sus brazos se han convertido en plumas de colores de papel y algodón. Entonces se lanza al vacío y deja que el abrazo del viento le lleve en volandas más allá de más allá del horizonte, hacia un bosque de esperanza y oro donde mariposas de arco iris y unicornios con alas danzan alrededor de pequeñas hogueras de fuego verde. Se deja ir. Se aproxima. Desciende. Pero los seres del bosque parecen no reparar en su presencia, le ignoran. Observa como de entre las llamas parece emanar una especie de néctar del que va surgiendo una resplandeciente masa corpórea. Un ente que se une a la danza embriagadora de unicornios y mariposas. Él quiere sumarse a la fiesta, unirse a ellos. ¡Es tan hermoso!¡Y esa figura surgida del vacío, tan cautivadora! Nacida de la nada. Libre de reglas y prejuicios. Quiere unirse, pero algo se lo impide. Alarga un ala. Pero el ala vuelve a ser brazo y las plumas de papeles de colores se han desprendido de él. Aún así, intenta tocar aquella forma maravillosa aunque sea desde la lejanía de su mente. Pero no llega. Se siente impotente. La hermosa danza se detiene. Los unicornios alados y mariposas de arco iris se esfuman, desaparecen. se evaporan como volutas de humo al ritmo que las hogueras se apagan. Pero la figura surgida de la nada sigue ahí. Quieta, etérea, mirando en silencio hacia él. "Ven, acércate...", parece susurrarle. No es una voz. Sencillamente es una caricia que escucha en su interior. Un beso posándose en los labios de su alma. Se acerca y al fin la consigue rozar con la yema de los dedos al mismo tiempo que ambos se convierten en verde brisa, verde esperanza, verde vida del mismo bosque...

Juanma - 24 - Octubre - 2014

martes, 14 de octubre de 2014

DEBAJO DE MI NOMBRE

"Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo."
("La Jaula" - Alejandra Pizarnik)


A veces sucede que no sé quién soy ni de dónde vengo y termino haciéndome preguntas sin respuesta; como, por ejemplo, por qué se quedó vacío el aire después de respirarlo. En otras ocasiones me busco sin encontrarme, sueño sin dormir, lloro dentro del agua o debajo de mi nombre. 

Cuando decido responder algunas de esas preguntas sin sentido me doy cuenta de que no puedo, de que la noche se encasquilla en mi lengua, o se desangra a punto de ebullición el líquido que se pasea entre la piel de las palabras y el nombre que les doy a mi ángel y demonio en esta especie de monólogo intrauterino. Necesito hablar con ellos, llorarles y llorarme, diluirnos los tres en un verso inmaculado e intacto; pero no están, o no estoy, y siempre despierto en un extraño jardín lleno de cruces y piedras donde se alzan al cielo desconsolados cipreses.

Podría afirmar que hay almas y signos y gestos que la niebla recuerda y la oscuridad no olvida, jirones de pasado y ombligos de memoria que el silencio no logra acallar. Podría jurar que todo es negro y todo duele y todo tiembla.

Ahora, y siempre que nadie me mira, me sumerjo en pozos olvidados, buceo en mares prohibidos, practico el vuelo sin motor y hago malabarismos con el Karma; mientras todos me saben, o piensan, o sueñan sentado tranquilamente frente a las llamas temblorosas de un fuego dormido.

Dormiría más tiempo, o más vidas, si el alma me dejara y los versos y los poemas no fueran truenos y relámpagos dentro de mi cabeza. No escribas, me digo, deja los versos para los poetas; ellos saben de métrica, no eluden la rima y entienden de poesía. No hagas de tu corazón estrofas rotas. Ni de tus lágrimas tanto verso a medias con alevosía. Polvo en el viento, polvo en forma de tinta sin melodía.

Lo que debes hacer, me susurro, es seguir con tus preguntas sin respuesta y no intentar desviar la atención hacia la periferia, hacia los suburbios del alma; a tu mente le da por centrarse en los golpes que da la ventana a tu espalda, sin nombrarte, sin acordarse de ti, y por eso cada dos bandazos miras por el rabillo del ojo para comprobar si se ha roto el cristal y por los huecos ha vuelto a entrar el crudo invierno con su intraducible y gélido viento de prosa fría.

Siempre lo has sabido, me repito; lo primero que has de hacer es adelantarte al otoño y a la caída de la hoja. Deshacerte de algunos pétalos de flor no es deshacerte de la flor misma ni sinónimo de lágrimas y llanto. Si te invade la melancolía puedes recordar los bosque perennes, la forma de las nubes o la brisa del mar, pero eso casi mejor dejarlo para la primavera. 

Porque todo lo que tienes y no tienes es lo mismo; lo tienes y no lo tienes a un mismo tiempo, tan cerca como si estuviera a tu lado, durmiendo en una habitación al fondo del largo y oscuro pasillo de tu existencia.

Y tan lejos al mismo tiempo.

Como una lágrima debajo de mi nombre...


Juanma - 25 - Septiembre - 2014

viernes, 10 de octubre de 2014

ESPERANZA

Cualquiera que lo contemplara desde lejos podría creer que más que correr, sin duda volaba; como si dejara pasar la brisa a través de todos los poros de su cuerpo y disfrutara sintiéndola corretear por la sangre de sus venas y arterias. Pero no volaba, sólo corría. Corría huyendo de la opresión a que la rutina diaria le sometía. Y lo hacía como llevado en volandas por el tobogán del viento, como embrujado por el hechizo de la luna cuando en su creciente o menguante sonrisa provocaba el suspiro de los corazones, como montado en el añorado carrusel de la feria de su niñez. Corría desnudo bajo el resplandor de las fugaces estrellas que le acompañaban cogido de la mano hacia la orilla del mar. Desde allí, se dejaba acariciar por las acogedoras manos del océano y recoger en sus brazos tatuados por el murmullo inmortal de los sueños. Y de repente, de sus dedos largos y esbeltos, surgieron mágicos pinceles y de sus lágrimas derramadas, acuarelas con los colores del arco iris. Y con aquellas nuevas y maravillosas armas comenzó a pintar el mundo que se extendía ante sus ojos; peces, medusas y algas; rocas, caracolas y estrellas de mar; barcas y veleros que le conducían a tierras extrañas y desconocidas, tierras donde bellas aves exóticas de plumajes coloridos y majestuosos le daban la bienvenida con hermosos mensajes e imágenes de batallas libradas y reinos conquistados, de enfermedades ya curadas y extinguidas, de una sed eclipsada por el salpicar de las aguas de inmensos ríos cuyas corrientes eran el reflejo del azul del cielo, del dorado del sol y del verde del rompeolas de su esperanza...

Juanma - 10 - Octubre - 2014

miércoles, 24 de septiembre de 2014

LA ORILLA MÁS HERMOSA

Que algunas mañanas de otoño se nuble el sol, no significa que tras ellas se aproximen tardes de tristeza. Que cuando llueve algo escapa del alma del cielo es cierto, pero no solo son lágrimas derramadas que lloran las nubes y mojan las calles; es la hoja y la piedra que se empapan de humedad y el tierno parajillo que se refugia de la lluvia en el abismo de los bellos ojos de una muchacha alegre.

Que a veces la sensación de ahogo y asfixia surja, no es grito ni es silencio; es el suspiro y el deseo de cada esperanza que se ahorca con un hilo de seda, y se estrangula con un invisible nudo de vacío y nada, y siente en la piel de su garganta la afilada cuchilla que va tiñéndose de rojo y acercándose al hueso mientras la voz, muda en la laringe, es incapaz ya de articular sonido alguno.

Solo un nombre palpita más adentro, en las profundidades. El nombre de siempre.

Que el estrépito y la intensidad del terremoto no dañen los cimientos ni derrumben la casa, sino que la edifiquen más fuerte y más alta todavía, como si llegar a rozar las plantas de los pies del cielo con el humo de la chimenea fuese el sentido y la meta de una cifra que va desde el cero al uno debajo de unas uñas pintadas por un adulto rodeado de lápices de colores jugando a ser niño de nuevo.

Que la felicidad se vista con ropajes de un poema de cuerpo entero.

Que el verso que se camufla para intentar atacarte como un mercenario armado hasta los dientes se diluya para que al morir y evaporarse impida que lo leas, y así olvides lo que aún recuerdas y creas que más allá del olvido otro recuerdo murió contigo una extraña madrugada cuando las noches eran otras y el verano solo dolía y quemaba en los desiertos.

Que la tierra se convierta en barro, y el barro en lodo, no importe demasiado; ni que te hundas con los pies helados y el alma fría porque al final el lodo es barro, y el barro es tierra y agua, y en tu balcón hay oscuras golondrinas colgando de nuevo sus nidos con el alma llena de sueños mientras cantan y vuelan y cada araña en su tela vive rodeada de árboles y huellas y signos.

Que en los manantiales ocultos surja el amor y quieras acercarte a beberlo significa que tienes sed de otoño y de los besos de sus crisálidas, porque sabes que aún es posible que las estrellas tintineen en la noche y se escuche como se posan sus labios sobre las cicatrices mal curadas de la primavera.

Todo esto fue antes de ayer, a eso de la medianoche intacta.

Junto a ti... la orilla más hermosa que alcanza la marea.


Juanma - 24 - Septiembre - 2014





jueves, 18 de septiembre de 2014

OTOÑO

Resuenan en el atardecer los tenues pasos del otoño como tambores del vacío. Un nuevo otoño que se viste de hojas secas esparcidas por los parques donde la presencia es la tristeza. Ella está recién levantada. Se despereza y abre sus ojos al paisaje que la ventana de su balcón le presta. Un paisaje que la envuelve en un cielo malva, rojo y naranja con aromas de humedad y el trino de unos pajarillos que ya cantan, que un nuevo día danzan a la vida. Su respiración es lenta y pausada. Inspira y espira la fragancia que desde lejos le ofrece el océano, ese antiguo océano que aún conserva toda su juventud. Se levanta, se viste y un té la seduce y despierta sus sentidos... y se va, desciende escaleras abajo hasta esas calles donde aún la esencia humana no se deja oler, no se deja sentir, no se deja ver... Camina en silencio, solitaria y con un andar pausado deleitándose con la belleza del amanecer que parece hablar sólo para ella. “Tal vez este frío crepúsculo desembarque con la tibia esperanza de que mis años de desiertos sumidos en ráfagas inquebrantables de sirocos sean por fin eclipsados para jamás volver a ser ese alma desnuda que vaga con las pesadas cadenas del ayer. Tal vez esta vez la libertad no se halle lejos, sumergida en algún pozo oscuro donde yo tendré  que aventurarme y cerrar las grietas de mi espíritu para hallar la felicidad”. Eso se decía a sí misma; a veces con un susurro, otras en pensamientos. Pero dónde estaba ese pozo o lo que fuera que necesitaba, no lo sabía. El eterno gris de las aceras la despistaba. La hacía flaquear y desfallecer en el continuo balanceo de todo su alrededor. Pero ella seguía, con su ímpetu vertical, con su decisión a cuestas, con sus alas de ceniza buscando... buscando alguien  con quien compartir las últimas estaciones de su existencia. De repente, vio algo. Se detuvo. Era una margarita que no sabía de dónde podía haber salido para rendirse a sus pies. La cogió. Sus pétalos eran blancos con un cierto toque de amarillo. Así como la mañana que ascendía hasta esa ínsula que ella habitaba. Y se fijó de nuevo en el océano, ese océano lejano de tan cercano que le hacía sentir un cierto rubor. Escuchaba su gemir, sus náufragos, su latido interior con el vaivén que la brisa confería a la palidez de su rostro. "Una margarita", se dijo en voz alta. Que sucedería si la deshojara, si la despojara de cada pétalo arrancado al ritmo de sus deseos. "No", se respondió a sí misma. La pondría en un vaso con agua para imantar lo poco que le quedaba de vida hacia ella. Retrocedió con la margarita en sus cansadas manos. Cuando llegó a su casa hizo lo que tenía en mente y así pasaron horas y horas. Al fin un destello nació de la flor, un destello que la embriagó en la incertidumbre de la extrañeza. “Solas las dos, con nuestras venas cortadas a seguir la rutina de la vida por un error. Ahora tú me miras y me miras, giras en torno a mi muerte. Pero yo también te observo. Desentraño los secretos de tus ojos y sólo veo una infinita tristeza que te impide ser pensamiento hermoso y libre del mañana”. Y la margarita tras estas palabras se fue deslizando hasta caer del vaso sobre el frío mármol de la muerte. Ella se quedó mirándola largo rato y una lágrima resbaló por los surcos de su rostro. Comprendió que tal vez los caminos de la alegría eran demasiado cortos y que su existencia debía restaurarla desquitándose de cada dolencia de antaño...

Juanma - 18 - Septiembre - 2014                               

miércoles, 3 de septiembre de 2014

CALLES PROHIBIDAS

Y mientras deambulas absorto por calles prohibidas, olvidas que en tu ensueño aletargado vas eclipsando las imágenes heridas que cabalgan a tu lado y ante ti. Conviertes cada uno de tus pequeños paseos en un laberinto. Olvidas tu pasado. Olvidas tu nombre. Y te sumerges en una extraña danza macabra de paredes blancas donde el ancestral eco de la luna salvaje enmudece todas tus voces y te convierte en una prisión de cerrojos oxidados donde ya es imposible distinguir lo que eras antes de en lo que te has convertido ahora. Te empeñas en refugiarte en el mañana y no te percatas de que mientras caminas se van esfumando a tu paso todos aquellos puentes por donde deberías caminar, por donde podrías aventurarte en busca de algo que ignoras y se llama hoy. Enormes y pegajosas telas de araña se van tejiendo en tus ojos, la piel de tus manos y pies se agrieta y tu corazón pide un refugio fuera de la cárcel de tu pecho. Y no te das cuenta de que los clavos que sellan tu boca cerrada arden también garganta abajo y desgarran tu vientre para rellenarlo de pájaros sin alas. El dolor debe ser insoportable, te atenaza... lo presiento. Como siempre presentimos todo aquello que tiene un final. Te empeñas en seguir quién sabe qué derroteros que pueblan tu mente e ignoras esa burbuja que quiere encerrar tu belleza, que se ha propuesto esconder tu esencia en la recóndita gruta donde las antorchas de la juventud, de tanta y tanta dejadez, se han apagado. Sí, se han apagado. Consumido con tu desidia. Extinguido buscando ese universo infinito donde antaño tus sueños brillaban al lado de los astros. No puedes continuar así por más tiempo. Busca un espejo y mírate. Asómate a aquellas calles donde luces de colores y canciones de esperanza aún puedan conseguir el despertar de tu alma. Puedes. Y debes intentarlo. No está tan lejos como parece desde allí. Sólo es un paso. Y después otro. Tal vez varios más. Sólo los que tú quieras dar. Esos serán los que forjen el sendero que se convertirá en tu nuevo camino. Hasta que por fin te des cuenta de que la noche de tus ilusiones está poblada de cosas hermosas, de que su firmamento estrellado arde en tu interior y que tú también formas parte del aire, del agua... y de la vida!!

Juanma - 3 - Septiembre - 2014





sábado, 30 de agosto de 2014

MAÑANA DE AYERES


Era una mañana de nostalgias. Una mañana de ayeres, otra vez. Con ella casi siempre eran días de ayeres. Fui a verla a mediodía, probablemente para sentirla cerca, para decirle que esta mañana puede, pero que esta tarde no será más un nuevo ayer. Me tendió la mano, y yo la cogí. Nos hicimos mil promesas de mañana siempre, de hoy tal vez, pero por favor nunca más de ayer. La despedí con un beso en los labios y con el juramento de la noche entera para nosotros... y nosotros por supuesto para ella.

Ella hacía volar la esperanza con sus suspiros al viento. Absorta, ausente, con sueños en la memoria inmediata y caricias demoradas por las ansias del presente. Llegó a la cita antes que yo, con una sonrisa de colores en los labios y la urgencia en la mirada. Atravesó el patio liviana como una pluma, etérea como un hada y, sin pensarlo, nuestras bocas coincidieron de nuevo en el gusto y en la sed.

Nos amamos en calles, plazas, ciudades enteras. La vida no está en otra parte, le decía, la vida la inventaron en ti para mí. Nos quedábamos dormidos abrazados, soñando como un mismo corazón de una vez. Pero cada mañana al despertar, al igual que el mismo sueño se esfumaba, sin un adiós, sin decir nada... dejándome un  hueco en el alma y un manantial de tristes lágrimas con signos de interrogación en la mirada. Cada día con ella era otra vez un nuevo ayer. El pasado y sus venenos. El presente y sus silencios. El futuro y sus murallas. Afuera la primavera pintando en el futuro siempre más ilusiones que esperanzas.

Cada mañana otro nuevo ayer. Dibujando siempre una puerta en el aire para intentar encontrar de nuevo la entrada de su casa. Corriendo hacia ella y parando el tiempo para atrapar el sonido de su risa en mi memoria. Hasta que un día, como bien sabíamos ambos que alguna vez sucedería, escuché el estallido del universo y la encontré derrotada de ayer bajo su almohada. Con una sonrisa triste y un relámpago de dolor en su mirada...

Juanma - 30 - Agosto - 2014

domingo, 24 de agosto de 2014

TUS OJOS

—¿Sabes que en tus ojos hay magia?
—¡Oh! —exclamó ella— No son más que unos ojos...
—Te equivocas, son mucho más que eso. En tu mirada puedo descubrir muchas cosas.
—¿Ah, sí? —preguntó divertida— ¿Qué clase de cosas?
—Pues la luna —respondí perdiéndome en el laberinto de sus pupilas—, y las nubes también. El arco iris, luciérnagas, flores recién abiertas, polvo de estrellas, mariposas... También puedo oler cosas cuando te miro —abrió aquellos ojos enormes llenos de asombro y alegría—. Sí, huelo a lluvia, a tierra mojada, a lavanda, a pan recién hecho, a secretos, a bosque, a primavera, a brisa de mar...
—¿Y todo eso puedes verlo sólo con mirarme?
—Bueno, en realidad no —me acerqué aún más a aquellos dos abismos de sueños insondables—, solo veo las mariposas. Tus pestañas son sus alas y cada vez que parpadeas es como si las batieses al aire de la mañana. Más que verlas, las siento en el estómago. Es entonces cuando surge la magia y puedo ver todo lo demás...


Juanma - 24 - Agosto - 2014

sábado, 23 de agosto de 2014

SOY...

Soy quien mece las olas
en los laberintos del océano,
soy quien canta y encierra su muerte
en la prisión del vacío,
el que acaricia las rosas
para vestirse con espinas.
Sondeo en las entrañas de los sueños,
les regalo un alfabeto y digo:
"aquí está tu cuna, tu nombre,
hijo, he ahí la primera y última de tus voces,
léela en mis labios, en las palabras que pronuncio
antes de perderte en los misterios del universo."

Soy el rocío que se evapora en la mañana,
el adiós, la renuncia, una despedida...
me escondo en la guarida del secreto
y custodio las lágrimas de los ojos
entre los signos, las runas y la niebla...
Viento de nieve, un número olvidado, la esquina,
el alfa y omega de tus ausencias y presencias,
la aurora, su leyenda, el crepúsculo
donde el mundo muere y tu alma se alimenta,
soy el espíritu de tus pensamientos
y entro en ti atravesando tu corazón,
tan íntimo que te duelo.

Soy la oscuridad vestida de arco iris,
todos los matices del negro y la sombra de los grises,
un cerezo en flor, azahar, una piedra escondida,
la pulpa de la vida,
la primavera eterna e inmortal,
soy la alondra y el ruiseñor,
la tristeza de tu alegría...
soy un faro al norte y al sur de tu mirada,
el dolor de tus pecados,
polvo de estrellas, una libélula en tus ojos.

Soy una página en blanco,
una palabra sin pronunciar,
las células de tu llanto y de tu grito,
la sangre prohibida y antigua,
la galaxia de la noche y un bostezo en la mañana,
las ganas de ganarte a besos la partida.
Soy lo que buscas y pierdes,
soy lo que esperas y desesperas,
tu propia ausencia, mi olvido,
un volcán, un ciervo, una loba en celo,
soy el jeroglífico de la magia,
tus labios, tu lengua,
una gota de sudor en tu cuerpo desnudo.

Soy la piedra de un edificio en ruinas,
el cayado de un anciano y los harapos de un mendigo,
un cuchillo para mis venas, una sierra para tus huesos,
mi memoria olvidada y el regreso de tu amnesia,
la nada y una luz invisible,
un acantilado y todos sus abismos,
tus pasos sobre la hierba, sus huellas y la vida,
el bardo que sueña y que te canta,
la mariposa que lleva en su vientre a tus hijos...

Juanma - 22 - Agosto - 2014