sábado, 24 de agosto de 2013

GRACIAS


Gracias a tod@s por acompañarme en este camino. Quizás físicamente nunca podamos intercambiar un abrazo, una mirada, una complicidad más allá de lo virtual, una sensación que erice el vello o un café caliente a media tarde, pero qué más da, compartimos cosas mucho más importantes. Y son estas palabras cargadas de sentimientos las que nos unen, las que nos hacen estar cerca, en estas cuatro esquinas, en las tuyas, en las de él, en las de ella... porque no miramos sólo la frialdad de la pantalla, miramos más allá, hacia el tenue contraste de la realidad más absoluta, donde encontrar la complicidad es a veces menos aventurado de lo que parece.

Gracias querid@s loc@s por estas 10000 visitas!!! :)














Juanma - 24 - Agosto - 2013







miércoles, 21 de agosto de 2013

DIARIO DE UN NÁUFRAGO

Diario de un náufrago:

Día 16 de Julio:

“Me llamó Ricardo y estoy encerrado en el cuarto de baño de mi casa. No sé cómo relatar mi absurda situación sin que se tome a guasa. Es complicado. Escribo estas notas con un lápiz de ojos de mi mujer en un rollo de papel higiénico. Al menos podré reírme de la experiencia cuando, ya fuera de aquí, vuelva a leerla. ¿Cómo he llegado a esta situación? Voy a contarlo…
   “El día 31 de Junio llegué a casa del trabajo con un mes de vacaciones por delante. Hemos comprado un chalet nuevo en el que pensamos vivir a partir de este verano; hogar en el que me encuentro ahora cautivo. El 1 de Julio nos marchamos, como tanta otra gente, hacia un lugar de playa en la costa en busca de un merecido descanso tras tantos meses de trabajo. Dejamos a albañiles, carpinteros, electricistas, pintores, escayolistas, fontaneros y cerrajeros dando los últimos retoques a la vivienda. Mi amigo Javier prometió cuidarse de supervisar el fin de las obras, así como de ocuparse de la mudanza de los muebles y el riego de las plantas a las que Marta, mi mujer, adora con pasión, hasta el día 15, día en el que yo regresaría para ocuparme durante la siguiente quincena de poner el resto a punto. Marta se ha quedado de vacaciones en la playa con unos parientes hasta el 1 de Agosto, día en que regresará y día en el que yo intentaré que todo se encuentre listo para poder instalarnos definitivamente en nuestro hogar dulce hogar.
   “Ayer volví a casa y, para mi grata sorpresa, me encontré con todo ya terminado. Desde luego, la eficiencia de mi amigo es mayor de la que yo había imaginado. Sin duda ha realizado un espléndido trabajo. Recorrí y revisé toda la casa maravillado ante el magnífico aspecto que presentaba y, a continuación, abrí las maletas y coloqué la ropa sobre la cama. Estaba agotado tras el largo viaje, con lo que sólo soñaba con una larga, merecida y soberana ducha.
   “Finalizado el aseo, me disponía a salir del cuarto del baño cuando al girar del pomo de la puerta e intentar abrir, comprobé que no se movía. Me cercioré de que estaba instalado del lado correcto y de que presionaba en la dirección adecuada, pero el mecanismo siguió sin obedecer. Comprobé que el seguro no estaba echado, pero aun así la puerta no hacía el menor intento de obedecer y abrirse. Lo intenté en vano en consiguientes ocasiones hasta que me invadió una rabia sorda y, perdiendo la calma, tiré del asidor varias veces pretendiendo forzarlo, pero el agarrador no giró ni un solo milímetro pese a la brusquedad de mis tirones. El mecanismo se había atascado por completo. Ya hablaría de ello con Javier en cuanto saliera por no haber supervisado el correcto funcionamiento de las puertas.
   “El tirador parecía extremadamente sólido, y se introducía en la puerta rodeado por un aro de metal; no había embellecedores ni tornillos a la vista, por lo que sería preciso romperlo del todo ante la imposibilidad de desatornillarlo. Lo intenté con unas tijeras que encontré en el botiquín y que suponían el objeto más contundente del que disponía allí dentro. Pero tras más de una hora de arduo trabajo y después de doblar ambas hojas de la tijera, comprendí que jamás lo conseguiría mediante aquel primitivo sistema. En un acceso de furia golpeé el pomo con la báscula del baño con tan mala suerte que la hice añicos sin apenas arañar la superficie del tirador. Me senté en el retrete intentando tranquilizarme y dispuesto a buscar una solución lógica y viable, que seguro que con la paciencia y serenidad necesarias encontraría. Pensé que tal vez lograría desencajar la puerta, pero por algún misterioso nuevo mecanismo las bisagras no estaban a la vista, debiendo estar escondidas en el interior desde donde, sin duda, desempeñarían de igual modo su función.
   “Desesperado me levanté y golpeé repetidamente la puerta con el hombro y a patadas intentando forzarla o derribarla. Pero al poco caí en la cuenta de que abría hacía dentro, con lo que golpearla desde el interior era del todo inútil y una absurda pérdida de tiempo y energía. Tampoco tenía ningún objeto que utilizar como palanca, aunque creo que tampoco hubiera servido de mucho ya que las ranuras eran tan delgadas que apenas hubiera podido introducir algo entre ellas.
   “Para colmo recordé que al elegir los sistemas de seguridad para la casa, había decidido poner alarma en todas las ventanas, puerta exterior blindada y puertas interiores especiales a prueba de ruidos y con cortina metálica antiincendios en toda la casa. Estaba atrapado. Comprendí que había caído en mi propia trampa y que, por mí mismo, no tenía posibilidad alguna de salir de aquí dentro. También era del todo inútil gritar o intentar hacer ruido ya que la casa se asentaba en una zona residencial de reciente construcción y mi chalet era el primero en habitarse, por lo que en toda la zona no había nadie que pudiera escuchar mi llamada por mucho jaleo y ruido que organizase.
   “Así las cosas, mi única esperanza residía en que mi amigo Javier no se olvidara de regar las plantas y regresara pronto a casa, o que Marta me llamase y preocupada porque no contestara a sus llamadas, avisara a alguien o decidiera ella misma regresar por su cuenta antes de tiempo. Nadie más sabe que estoy aquí y en la oficina, por supuesto, no me esperan hasta el 1 de Agosto.
   “Estoy agotado. Voy a intentar dormir un rato. No sé qué hora es ya que me he dejado el reloj en la mesita de la habitación y no dispongo de ninguna radio o transistor aquí dentro. El baño es interior por lo que no dispone de ventana alguna con la que hacerme una mínima referencia de qué hora aproximada será en el exterior. Ya he perdido la noción del tiempo y eso que creo que no llevo aquí ni siquiera un día completo. El interruptor de la luz está fuera y no puedo apagarla, así que para dormir y poder hacerme también una referencia imaginaria del ciclo noche día, no me queda otro remedio que aflojar o quitar la bombilla.
   “Mi estancia aquí se antoja complicada. Sólo espero que no dure demasiado.



Día 17 de Julio

“He decidido imponerme un horario, imaginario, claro está, y hacer un inventario del material del que dispongo.
   “En el primero he confeccionado una pequeña lista en la que me he autoimpuesto una hora, aproximada por supuesto, de ejercicio diario, una ducha, un afeitado, un cepillado de dientes, aunque no haya mucho que limpiar, y un rato de trabajo en este diario para mantener así la frescura y agilidad mentales.
   “En el segundo, aparte de los objetos indispensables en un botiquín, tales como algodón, antisépticos, alcohol, tiritas, vendas, tijeras, agua oxigenada…, he apuntado aspirinas y un sinfín de pomadas, pastillas y cápsulas y píldoras de todas las formas, tamaños y colores imaginables. En el armario he encontrado pasta dentífrica, cepillos de dientes, un tubo de vitamina C efervescente, leche de belleza corporal, compresas, papel higiénico, una caja de polvos de talco (no mágicos, por desgracia), colonia, perfumes, loción para después del afeitado, espuma de afeitar, cepillos, peines, bastoncillos para los oídos, pinzas, champú, gel para el baño, desodorante, esponjas, crema de zanahoria para el cutis, pomadas de lanolina, crema vitaminada para las manos, loción proteínica, barras de labios y lápices de ojos, pintauñas y maquillaje.
   “Poco más. Esta es mi isla y estos los restos de mi naufragio. Por lo demás, tengo un hambre atroz y si Javier tarda mucho en volver tendré que echar mano de toda esa cantidad de proteínas y vitaminas de los productos mencionados; sin duda alguna todo ello tiene que ser por fuerza alimenticio. Pero mi supervivencia no me preocupa. Como mucho tendría que pasar aquí dos semanas y un cuerpo humano es capaz de soportar ese tiempo, y aún más si fuera necesario, sin alimento; proezas mayores se han conseguido. Otra cosa sería la ausencia de agua pero, afortunadamente, dispongo de todo el líquido elemento del mundo en mi isla.
   “He de intentar hacer una vida ordenada y racional.

                                              * * *

“El hambre me devora por momentos. ¿Por qué no habré podido quedarme encerrado en la cocina? Allí tendría galletas, latas de conserva, patatas, huevos, legumbres, fruta… y una buena ventana desde la que pedir auxilio.
   “Al menos aquí dispongo de una buena dosis de alcohol si quiero pillar una buena borrachera. Ni siquiera soy capaz de hacer un chiste en condiciones. Ya sé que este alcohol no es apto para el consumo…
   “El que  no se consuela es porque no quiere, a falta de pan buenas son tortas, Dios aprieta pero no ahoga…
   “El refranero popular tiene respuesta para todo.



Día 18 de Julio

“He tomado una aspirina ya que me dolía insufriblemente la cabeza. Debe de ser la adaptación al medio, a este nuevo entorno. He vuelto a intentar forcejear con la puerta, pero sin resultado favorable. No sé porque me he permitido derrochar más energías; sabía de sobra que el esfuerzo sería en vano. Debe tratarse de eso que llamamos instinto de supervivencia… o quizás que los humanos somos los seres más cabezotas del mundo y no nos resignamos a darnos por vencidos aún a sabiendas de que la partida esté ya perdida de antemano.

                                                * * *

   “Esta noche he soñado con Robinson Crusoe. ¿Por qué no? La similitud es más que notable.



Día 19 de Julio

“He perdido parte del optimismo y esperanza que albergaba. Javier ha debido de venir a regar las plantas, pero me encontraba adormilado y cuando me he percatado de ruidos en el exterior, él había encendido el equipo estereofónico del salón a todo volumen, así que han sido inútiles todos mis gritos y esfuerzos por llamar la atención. No me explico cómo no se ha dado cuenta de que la luz del cuarto de baño estaba encendida. Quizás ni siquiera ha mirado en esta dirección. Me encontraba maldiciendo y lloriqueando mis desgracias cuando he caído en la cuenta de que la música había cesado y la puerta se la calle se ha cerrado de un golpe antes de que me diera tiempo a llamar a mi amigo.
   “Así que Javier se ha ido sin enterarse siquiera de que yo estaba aquí. Pero eso no es todo. Ojalá todos mis males quedasen ahí. Un rato después he abierto el grifo del lavabo para llenar un vaso de agua y… nada. Imaginaos mi estupor al comprobar que no salía ni una sola gota. El muy idiota ha debido de cerrar la llave general de paso después de regar las plantas…
   “Debería haber previsto una situación similar, debería haber imaginado todas las situaciones posibles, haber estado preparado ante cualquier emergencia o contingencia. Tendría que haber llenado la bañera o el lavabo de agua por si acaso, asegurando así mi supervivencia. Pero no. Estaba muy ocupado redactando estúpidos inventarios y haciendo flexiones en lugar de intentar pensar en imprevistos. Aunque de todos modos, ¿alguien hubiera podido imaginar algo parecido? En fin… al menos aún dispongo de unos cuantos litros acumulados en la cisterna.
   “Suficientes espero…

                                                 * * *

   “He notado que he adelgazado un poco, hecho en el que no había reparado hasta hace un momento. ¿Vine ya más delgado de la playa o verdaderamente estoy empezando a perder peso? Probaré a tomar un poco de crema de zanahorias para el cutis. Mi estómago pide alimento a gritos y no creo que en estas circunstancias vaya a protestar por ello. Ni a diferenciar cualquier potingue del caviar.
   “La comida, aunque algo insulsa, parece haberme sentado bien. Al menos no he notado ningún síntoma perjudicial.



Día 20 de Julio

“O eso creo. Ya os he dicho que no tengo reloj, ventana ni cualquier otra manera de tener una referencia del paso del tiempo, así que mis cálculos de los días son mentales… y supongo que más o menos acertados o equivocados.
   “Tengo una noticia nueva. Hace un rato ha entrado una inquieta y vivaz cucaracha por la pequeña rendija de debajo de la puerta. Ha escudriñado toda la estancia y después intentaba volver sobre sus pasos y marcharse, pero lo he impedido colocando encima de ella un vaso boca abajo.
   “Ahora ya estamos todos. La isla desierta, Robinson Crusoe y mi fiel Viernes.
   “Un dato curioso. Si en verdad hoy es 20 de Julio, es viernes.



Día 21 de Julio

“Le he dado un pequeño trago a la botellita de alcohol para ver si me podía devolver, al menos en parte, la euforia perdida. Pero he tenido que escupirlo…
   “Al poco he caído en una circunstancia un tanto extraña o anómala. El teléfono no ha sonado ni una sola vez durante todos estos días de encierro. Eso quiere decir que Marta no se ha acordado demasiado de mí. Debe de estar pasándolo de maravilla en el mundo abierto.
   “Aunque quizás el teléfono no funcione… o tal vez la línea telefónica…
   “El que no se consuela, sin duda, es porque no quiere…



Día 22 de Julio

“Dicen que el hombre es el animal más inteligente de la creación. Siempre dudé de tal afirmación. Pero en mi caso queda comprobado que es totalmente falsa. Lo juro y lo rebato con quien quiera.
   “Esta mañana me he levantado con náuseas en el estómago y he vomitado. Más que vomitar, he dado unas cuantas arcadas. Supongo que a mi cuerpo le quedaba ya más bien poco de la suculenta cena de anoche. Pero aquí viene lo bueno; instintivamente he tirado de la cadena, desperdiciando así la preciosísima cantidad de agua que aún conservaba para mi supervivencia.
   “Después me he dado cabezazos contra la pared durante un cuarto de hora más o menos. Tengo la frente hinchada y amoratada. Pero el dolor era lo que menos me importaba. Ahora siento un dolor aún más agudo que me lacera el corazón. Empiezo por primera vez a temer en verdad por mi vida…
   “Soy un estúpido, un perfecto ESTÚPIDO con mayúsculas…

                                                * * *

   “He ingerido la mitad del tubo de pasta dentífrica y casi todo el bote de loción proteínica. Estaban buenos, aunque al pronto he empezado a sentir unos agudos retortijones en el vientre. He tenido que defecar en el bidé. No quería hacerlo en el wáter en previsión de que, como último recurso, tenga que llegar a utilizar el agua estancada de ese sucio agujero. Me duele el estómago. Seguramente nuestra raza no está habituada a ciertos alimentos típicos de esta isla. Lo que daría por un pequeño trozo de pan…



Día 23 de Julio

“El tiempo parece haber empeorado de manera brusca. Se avecina una tormenta tropical…
   “He desayunado leche corporal y el resto de loción proteínica. El sabor me gusta, aunque un poco de sal no le vendría nada mal. He dado también a Viernes su ración correspondiente…
   “Tengo una sed abrasadora y un hambre atroz…

                                                  * * *  

   “El teléfono no suena. Sin duda el servicio telefónico aún no ha llegado a este rincón del mundo…
   “Trato de enseñar a Viernes algunas palabras sencillas, pero con escaso resultado. No está muy por la labor…

                                                  * * *

   “Cada vez tengo menos fuerzas… y menos ganas…



Día 24 de Julio

“La comida de hoy no ha sido mala del todo, aunque es cierto que he degustado mejores platos. Pero teniendo en cuenta que aquí los restaurantes brillan por su ausencia, no estoy en condiciones de quejarme. Ha consistido en crema vitaminada para las manos de primero, polvos de arroz con leche, de uso ignorado para mí, de segundo y un estupendo champú de avena de postre. Todo ello regado con un par de tragos de la mejor cosecha de agua del mejor retrete de la isla…
   “El estómago me sigue doliendo. Parece que tuviera un perro rabioso royéndome dentro. Me he tomado una aspirina y parece que el dolor se ha amortiguado un poco. Tengo pastillas como para mantenerme drogado un mes. Como último recurso…

                                                  * * *

   “Río y lloro a intervalos más o menos definidos. Creo que estoy empezando a conocer de cerca el rostro de la locura. Pero no quiero abandonarme, aún debe haber esperanza…



Día 25 de Julio

“Me he despertado creyendo oír la sirena de un barco. Pero me parece que tan sólo ha sido una falsa alarma ya que he permanecido atento durante largo rato y no he vuelto a escuchar nada más…

                                                   * * *
   
   “He tomado dos aspirinas para aliviar los fuertes dolores de cabeza y vientre. Para pasarlas he tenido que beber otro trago de agua del oscuro agujero. Casi vomito…
   “Cada vez huele peor…
   “Pero al final he podido contenerme y el agua y las aspirinas parecen haber hecho su efecto…
   “Además no puedo permitirme desperdiciar un solo trago…
   “Por muy mal que huela, es lo único que tengo… y cada vez queda menos…

                                                       * * *
    
   “He recordado la película Viven. La puñetera memoria es a veces burlona y cruel…
   “¿Sobreviviré al igual que ellos?
   “Como no me devore a mí mismo…



Día 26 de Julio

“Apenas puedo dormir. Me desvanezco y al rato me despierto sobresaltado presa de atroces pesadillas. Sueño con barcos, con aviones, con hermosas palmeras repletas de deliciosos cocos, con plátanos y otras sabrosas frutas tropicales, con un lago de aguas limpias y cristalinas, con redes llenas de peces, con un fuego en la orilla y el olor de un sabroso cochinillo asado…
   “Sueño también con demonios, con muerte, con putrefacción…

                                                     * * *

   “Hace calor. Parece que suben las temperaturas…

                                                     * * *

   “He adelgazado bastante. Se me aprecian con más claridad las costillas y mi cara demacrada es el vivo retrato de una máscara de muerte…



Día 27 de Julio.

“Apoyo la cabeza contra la puerta, pero no escucho ningún batir de remos…

                                                       * * *

   “Me muero de hambre. ¿Acabaré practicando el canibalismo y devorando a mi fiel Viernes?
   “No, eso nunca. Bajo su negro caparazón late también un corazón como el mío…

                                                         * * *
   
   “Echo mucho de menos a Marta. Quiero abrazarla… me conformaría con uno sólo de sus cálidos abrazos…

                                                          * * *
   
   "Parece que sube la marea; mal asunto…



Día 28 de Julio

“He acabado con el último resto de agua de mi precioso manantial…
   “¡Lástima! Ahora que estaba empezando a cogerle el gustillo y ya no me sabía tan mal…

                                                          * * *

   “Intento enseñar a Viernes mi nombre; Ro… Bin… Son… Robinson… Cru… Soe…
   “Es muy fácil, pero no aprende. Sin duda es mucho mejor amigo que alumno. Pero parece muy vivaz. Sé que durará más que yo. Los de su raza son extremadamente resistentes…



Día 29 de Julio

“Permanezco la mayor parte del día dormido. No me quedan alimentos para ingerir y estos rollos de papel higiénico no hay manera de pasarlos sin un poco de agua…
   “Daría mi alma por una botella de buen wiski escocés…

                                                     * * *

   “Todo ha terminado… el hambre, la sed y la locura se apoderan de mí. Sólo me quedan las píldoras; píldoras de todos los tamaños y colores…
   “¿He de usarlas?
   “Al menos mitigarían el dolor y entumecerían mis sentidos…



Día… de Julio

“He decidido dejar suelto a Viernes… no quiero que me acompañe en este último viaje…
“……………………………………………………………………………...




El día 3 de Agosto, tras un doloroso entierro, Marta y Javier llegaron a casa. Una vez que se vieron libres de miradas inquisitivas y curiosas se fundieron en un abrazo que denotaba algo más que simple cariño o afecto.
   – Lo hiciste muy bien –comentó ella.
   – Fue fácil –respondió él–. Un incidente como este en el baño puede suceder. No es usual pero, desde luego, tampoco imposible. La policía comprobó que con el volumen del sonido estereofónico era imposible escuchar ningún ruido o golpe. Yo no había hablado contigo y no sabía que había vuelto. A ti te extrañó que él no te cogiera el teléfono, pero suponías que estaría muy ocupado y no le diste más importancia. Sin duda que han sospechado, pero no tienen ninguna prueba. Ahora debes vender esta casa y nos iremos a vivir lejos, donde nadie nos conozca.
   – ¿No tuviste ningún remordimiento ni momentos de vacilación o dudas? –preguntó Marta–. En el fondo era tu amigo.
   – Sí. Y también un cerdo cabrón. Cree que nunca supe nada de lo de mi mujer, su guapísima secretaria. Pensó que me había engañado como a un vulgar pardillo. Siempre se creía el mejor en todo. Jamás valoró en nada nuestra amistad, sólo pensaba en sí mismo. En el fondo me da algo de pena. Pero en fin, ya está hecho. Ahora ya podemos ser felices sin necesidad de escondernos.
   – Siempre te deseé –añadió.
   – Yo también –dijo ella suspirando.
   Y ambos se dirigieron hacia la habitación de matrimonio, abrazados y besándose tan apasionadamente que no repararon en la pequeña cucaracha que cruzaba el pasillo ante ellos camino del cuarto de baño…


Juanma – Enero - 1995

domingo, 11 de agosto de 2013

EL CIERVO SABIO Y LA ESTRELLA FUGAZ

Era una tarde de primavera. Bajo el sol radiante y unas cuantas tímidas nubes bailando a su alrededor, el paisaje parecía una niña alborozada que riera; y oírla reír era como si todo el universo riera. Varios animales charlaban animadamente bajo el embrujo del ambiente en el claro de un bosque no muy lejano.
   - ¿Dónde van las estrellas durante el día –preguntaba una ardilla joven que, como consecuencia de su juventud, era aún muy inocente y veía la vida con fácil frivolidad.
   - Se van con la noche a otros lugares –contestó un castor adulto que, absorto en su dique, parecía dedicarse a la meditación.
   - ¿Hay otros lugares además de éste? –dijo sorprendida la ardilla.
   - Pues claro –replicó un viejo zorro de mirada astuta y huidiza– Hay otros muchos lugares y las estrellas han de ir a visitarlos a todos. También el sol se marcha por la noche a visitarlos. El mundo es muy grande.
   - ¿Y dónde están esos lugares? –volvió a preguntar la ardilla, ávida y sedienta de conocimientos y adolescente curiosidad.
   - Más allá de nuestro bosque –afirmó un corzo–. Yo una vez llegué casi al límite y pude contemplar montañas enormes allá a lo lejos. Eran tan altas que incluso se elevaban por encima de las nubes. Me hubiera gustado subir a ellas, pero me han dicho que están más lejos de lo que parecen y que, además, no hay demasiada comida.
   - Yo he estado en las montañas –interrumpió un halcón que pasaba por allí y, escuchando la interesante conversación, decidió unirse a la tertulia.
   - Claro, tú puedes volar –dijo el corzo mientras se sentaba bajo un árbol con gesto de aburrimiento y cansancio.
   - A veces creo que todos los animales del bosque sois demasiado tontos e ingenuos –habló el halcón desde la rama en la que se había posado con aires de solemnidad y grandeza–. No hace falta saber volar o tener alas para subir a las montañas. Sólo es necesario tener un poco de decisión, sed de aventuras y ganas de conocer el mundo.
   - Pero para ti es fácil decir eso –protestó un puercoespín uniéndose al debate–. Aunque dices que no son necesarias, tus alas te permiten realizar largos vuelos y subir muy alto. Para nosotros los peligros serían graves y numerosos.
   - ¿Qué sabrás tú de peligros? –le preguntó el halcón molesto y enfadado– Vosotros vivís bajo el cobijo, el amparo y la protección que os dispensa vuestro querido bosque. No sabéis lo que es vivir bajo una amenaza inminente y constante. He desafiado a la lluvia, al viento, a la tormenta y demás castigos del cielo; los truenos casi me ensordecen y los rayos han estado a punto de partirme por la mitad y reducirme a cenizas en más de una ocasión –hizo una pausa premeditada, orgulloso como estaba de sus proezas y del interés que había despertado en todos los demás asistentes a su improvisado discurso–. He esquivado las balas de cientos de cazadores, he peleado con mi vecina y rival el águila y me he enfrenado a serpientes. Y todo ello por mis deseos de vivir la vida y conocer mejor el mundo. Y aun así os atrevéis a decir que no he corrido peligros. Conozco el peligro mucho mejor que cualquiera de vosotros, mejor que todos vosotros juntos. Y no sólo no me asusta, sino que supone un bonito desafío que me gusta aceptar y afrontar. A veces es bonito y excitante ponerte retos y vivir bajo la amenaza. Con ello se acrecienta el valor de lo que uno hace. Vivir agazapado y escondido es sencillo, pero no os reportará ninguna satisfacción ni os proporcionará alegría alguna.
   - ¿Y qué hay allí arriba? ¿Qué se puede ver desde allá? –preguntó de nuevo la ardilla.
   - Se ven muchas cosas maravillosas; ríos y lagos, otros bosques, praderas inmensas, amplias llanuras…y más allá se alzan montañas y más montañas que parecen no tener jamás fin. Yo no he podido llegar nunca hasta el final, pero me ha dicho un gavilán, que le contó una gaviota, que más allá de todas las montañas se extiende el mar hasta el infinito.
   - ¿Qué es el mar? –preguntó un gamo.
   - Es una vasta extensión de agua que se prolonga hasta el fin del mundo. Allí viven millones de peces y extrañas criaturas que no conocemos. Y su agua no es dulce como la de nuestros ríos, sino salada.
   - Eso no es posible –replicó el castor saliendo de su profunda meditación–. No puede haber tanta agua en el mismo sitio. Sin duda debe estar separada por cualquier selva o bosque, por alguna franja de tierra. Dime, ¿qué castor podría levantar un dique allí con las enormes corrientes que debe haber en una extensión tan grande?
   - En el mar no viven castores, estúpido –le insultó el halcón–. Además, aunque vivieran, yo no creé el mundo, así que poco me importa que pudierais hacer o no allí vuestras cochambrosas casas de retales. Yo nunca he visto el mar, pero conozco a muchos que sí lo han visitado y todos aseguran no haber encontrado jamás sus límites.
   - Lo que no significa que no los tenga –volvió a la carga el ofendido castor–. Yo solamente creo en lo que veo. Tú sí que eres un verdadero ingenuo si vas creyéndote todo lo que te cuentan por ahí. Sigo sin creerme lo que dices. Eso que dices no es más que una alegoría.
   - ¿Qué es una alegoría? –preguntó un pájaro pinzón que se había incorporado a la improvisada reunión filosófica.
  
   - ¿Una especie de parábola o leyenda? –preguntó un conejo que asomaba con curiosidad la cabeza desde su madriguera.
   - No sé, algo así. Para definir el mar ha utilizado palabras como infinito y sin límites. Esas sólo sirven para describir el cielo.
   - ¿Ha dicho que el olor de las mofetas es una alegoría? –preguntó una comadreja bastante sorda que apenas se había enterado de la conversación.
   - Yo creo que lo que tú quieres decir –sugirió un erizo– es una metáfora y no una alegoría.
   - ¿No son ambas la misma cosa? –habló de nuevo el conejo asomando esta vez un poco más la cabeza.
   - Una metáfora es como una comparación –explicó un jabalí–. Y yo creo que no ha dicho ninguna alegoría ni nada por el estilo. Lo único que ha hecho ha sido exagerar un poco.
   - Pensándolo bien –dijo un ruiseñor–, ¿no será una metáfora una exageración?
   - No he exagerado nada –se defendió el halcón visiblemente consternado–. Sólo os hablo de lo que me han contado. Podéis creerme o no, pero si vosotros hubierais estado allí arriba, en las montañas, y hubieseis contemplado el ancho mundo como yo, sin duda que pensaríais de otra manera.
   - ¿Por qué no dejáis de discutir? –sugirió la inocente ardilla– Aún no habéis contestado a mi pregunta; ¿dónde van las estrellas durante el día?
   - ¿Son las estrellas una alegoría? –interrumpió la comadreja sorda.
   - ¿Por qué no te callas de una vez? –gritó un tejón muy enojado– La conversación está muy interesante y no haces más que interrumpirla.
   - Las estrellas se retiran de día a dormir –dijo de pronto un ciervo veterano, ya curtido en años y batallas, que hasta ese momento había asistido al consejo en silencio. Su presencia era imponente ante los demás contertulios menores, y tenía aspecto de ser muy sabio.
   - ¿Y tú como lo sabes? –inquirió un pájaro carpintero.
   - ¡Eso! –exclamó el halcón– Yo vuelo muy alto y las he contemplado más de cerca que tú. Las he visto desaparecer, pero no he observado que tengan cama en ningún lugar.
   - ¡Bien dicho! –replicó el castor aplaudiendo– Por fin puedo estar de acuerdo en algo contigo, amigo halcón. Yo sé que las estrellas se marchan a visitar otros lugares, no intentes confundir a nuestra joven ardilla.
   - Os contaré una vieja historia que mi abuelo me relató cuando era yo muy pequeño aún –dijo serenamente el ciervo mientras todos los animales del bosque cerraban el círculo apiñándose alrededor de él. El cérvido esperó a que todos estuvieran acomodados y comenzó su relato:
   “Hace tiempo, mucho tiempo, un antepasado mío contempló una estrella fugaz cruzar el cielo. Poco tiempo antes había escuchado comentar a un hombre, un cazador, que si se les pedía un deseo a esas luces viajeras, éste se cumpliría. Aquella noche ese antepasado, muy sabio según me han contado, pidió convertirse él mismo en estrella por una noche. Poco después se tumbó en el suelo, dispuesto a dormir, sobre un claro del bosque. A medianoche despertó y no fue capaz de contener su asombro cuando se encontró flotando como por arte de magia en el espacio y rodeado de miles de estrellas. Todo su ser emanaba una maravillosa y brillante luz celeste.
   “Me contó que permaneció allí toda la noche, pero que todo era tan hermoso y majestuoso que le parecieron apenas unos breves minutos. Con la llegada del alba, su madre luna las fue llamando de una en una y, tras darles un beso de buenas noches, las acompañó hasta una enorme cuna situada al otro extremo del universo. Allí las acostó arropándolas con un suave manto de terciopelo negro.
   “Volvió a dormirse, esta vez como estrella, y al despertar había oscurecido de nuevo y se encontraba de regreso en el claro del bosque. Miles de estrellas brillaban y titilaban en el cielo. Sus compañeros se encontraban todos a su alrededor preguntándole dónde había estado durante todo el día anterior, pues desde que cayó la última noche, hasta aquel mismo momento, nada habían sabido de él y en vano le habían buscado por todo el bosque sin encontrarle. Él simplemente se levantó y dijo:
   “He estado con mis hermanas las estrellas…
   “Y esa es la historia, amigos. Eso es lo que me contó mi abuelo.

Hubo unos momentos de pausa, tras los cuales el astuto zorro preguntó:
   - ¿Y cómo puedes asegurarnos que esa historia es cierta y no sólo un cuento?
   - ¿O una alegoría? –la comadreja seguía a lo suyo.
   - No puedo –afirmó sinceramente el ciervo–. Pero ahora os pregunto yo a vosotros, ¿quién puede asegurarme que sea falsa?
   Todos los contertulios guardaron silencio mirándose unos a otros, esperando a ver si alguno tenía respuesta a la pregunta del ciervo. Finalmente fueron dando media vuelta poco a poco tomando el camino de vuelta a sus respectivos hogares; unos con rostros de satisfacción y otros poco convencidos, pero todos pensativos. Todos menos la comadreja, que miraba hacia todos lados intentando que alguien le explicara de una vez lo de la alegoría. La ardilla, tras compartir una mirada de complicidad con el zorro, fue la última en regresar a su madriguera.
   La noche había dejado caer ya su manto de ensueño sobre el bosque y contemplaba con su mágica mirada de ave nocturna el mundo que se extendía bajo sus alas. La fisionomía del bosque había cambiado. Los grillos y las luciérnagas entonaban ahora sus coros de luces y canciones bajo la atenta mirada de búhos y lechuzas que vigilaban la representación nocturna desde su privilegiado observatorio en las elevadas ramas de sus árboles.
   El ciervo, en silencio y con pausados movimientos, se dirigía hacia su lugar de descanso en un claro del bosque. Llevaba la cabeza alta, erguida, con la mirada fija en el cielo y con el único deseo, como todas las noches, de que una estrella fugaz se cruzase en su camino y quisiera compartir con él una noche en el cielo de sus destinos.


Juanma – 19 – Marzo – 1995    

sábado, 10 de agosto de 2013

HORIZONTES VERTICALES

Yo era un horizonte vertical. Una astilla clavada en la carne del mundo. Una esquirla de cristal cortando todo lo que tocaba, inaugurando heridas, coleccionando cicatrices, haciendo sangrar. Era un grito destemplado que venía maquillado de literatura, el veneno añejo guardado en la bodega de mi alma que mi boca daba de beber.

Yo era una mentira que se convenció a sí misma de su verdad, un abanico de razones temblorosas intentando hablar fuerte sin que se les quebrase la voz, un mosaico de dudas e inquietudes, una soga para el espíritu. Yo era ese agujero en el corazón por el que se escapa el alma.

Yo era una sonrisa afilada, con sed de dolor, con fobia de dolor, con sangre de dolor. Una pared con consignas de tristeza entre los ladrillos. Una fortaleza anhelando ser nido.

Yo era un continente de muertos desaparecidos y sombras errantes hasta que instalaste tu biblioteca en el centro de mi ciudad. Tu biblioteca de sueños por cumplir, tus hermosas estanterías llenas de libros llenos de palabras llenas de magia, y tu cama como un regalo sorpresa en mi casa, en una habitación sin mentiras ni cortinas.

Prescindiendo de filos, fui apuesta y ruego, cartas sin marcar por primera vez en la vida, cuerpo abierto, silencio. Fui paz y suicidio, y mantuve a raya la traición. Pude entender tu rechazo a lo vivo, a la luz, tus constantes merodeos por tus propios venenos, tus huidas del mundo, de ti misma, de mí, hasta tu devoción por Lord Byron por llevar la contraria a mi William Blake. Fui palabras sin estrenar, fui beso silencioso, fui caricia verdadera.

Tú tenías vocación de espina. Antes de que terminara de amanecer manché las sábanas con el jugo de mis venas. Tú te quedaste inmóvil, no dijiste nada más, a tu pesar.

Eras también una astilla. Una esquirla de vidrio, un grito destemplado...

Juanma - 10 - Agosto - 2013

jueves, 8 de agosto de 2013

VOLVER A EMPEZAR

"Nada" puede ser un buen comienzo, pues todo empieza en nada. Nada es como ese hueco que a veces siento dentro del pecho. Un pozo sin fondo, donde no hay nada. Debo admitir mi tendencia al caos, a la complejidad y lo subjetivo y con ello admitir las consecuencias de vivir así. Mis pensamientos rayan quizás en lo exagerado, en lo intenso, una sucesión de líneas que pasan frente a mis ojos a velocidades distintas y vertiginosas. En ocasiones no soy capaz de entenderlas, pero sí de sentirlas, como si cada una atravesara mi cuerpo dejando una pequeña descarga eléctrica y confundiéndome aún más. Más de una vez he intentado explicarlo, ojalá tuviera la oportunidad de mostrar a través de mis ojos como percibo el mundo, porque dentro de mi caos irónicamente todo es lógico, todo es como debe ser, por el simple hecho de ser, aunque sea distinto a todos los parámetros, aún lo más inverosímil, irracional o anárquico es natural. Soy consciente de la inferioridad que represento, no me considero inteligente, aprendo por que aprendí a aprender, porque saber me da esperanza y no resignación, resignarme a vivir como no soy es continuar en el camino pero sin caminar. Los caminos en mi vida suelen ser cortos, con caídas continúas y tropezones, de otra manera nunca terminaría de andar, así que no, no soy de los que creen que la felicidad es un largo camino de baldosas amarillas hasta llegar a Oz. Quizás sea inconstante, tal vez irresponsable, por esta razón mis metas son a corto plazo, pequeñas, puede que ordinarias a la vista de los demás. Para mí son extraordinarias. Cerrar círculos y volver a empezar...

Juanma - 8 - Agosto - 2013


lunes, 5 de agosto de 2013

ABANDONO

La verdad es que resultó más sencillo que fácil. Te parecería increíble lo mucho que se puede conseguir cuando eres tan sigiloso al huir; crear el escenario perfecto, saber aprovechar los momentos, esconderte en los pequeños rincones de la confianza, zigzagueando celosamente en la penumbra, fortificando las murallas de los recuerdos con un poco de miedo y una pequeña dosis de frustración... todo esto hace que el momento... los momentos....  no sean ni más ni menos, sino tan sólo lo necesario para crear esa cortina de humo en la que sencillamente desapareces sin dejar rastro, sin una sola marca en la memoria del corazón.


Ese corazón tan ajeno a ti, tan bellamente esculpido, te abraza y te seduce, hace que lo desees una y mil veces... el deseo... ese deseo que quizá solo nace de aquello que no podemos poseer, por eso siempre he deseado tu corazón maravilloso, solo que eso fue todo y así me quedé, deseándolo, anhelando su calor, contemplando cómo se abre al mundo y cómo se cierra ante mi presencia.


Me aferro al ocaso de la vida, a lo doliente de la existencia, me hallo ante lo imponente de mi ser, contemplo ese cuerpo forastero ya cansado de tanto andar, cansado de fundirse con otras vidas, otros mundos, harto ya de morder y de rasgar, harto de permitir que sea invadido, de ser ese cuerpo de mirada vacía, esa mirada antes tan caprichosa, siempre misteriosa y ahora impenetrable... quizás algún día me encuentre y tu ya no estés ahí y yo... yo tal vez esté por fin en todos lados, que es lo mismo que no estar ya en ninguna parte... y por fin renuncie a mi abandono.


Juanma - 5 -Agosto - 2013